Vailima… tercera parte

 

Alter Ego:

Casi encontró “su lugar” en esa vida implotada que la condujo a deducir  que lo que transcurría entre naufragio y naufragio, era ella misma.

Del último, naufragio, sólo recuerda que arrumbó  su silencio en  las playas de Samoa. Allí fue ingresada por  urgencias en un sitio que parecía  Vailima. Recibió un tratamiento de tópicos y pensamientos frívolos en cápsulas de dos colores,  con las que fue tejiendo una nueva personalidad:  azul para el contorno y  rojo para  sus tejidos más profundos.

Así, la recogí en el aeropuerto, un día de no recuerdo qué mes, con sus ojeras bailando a lo lejos y sus labios reclamando  un descanso prolongado.

Los  días posteriores,  el acople entre yo, su Alter Ego, y ella, Zuri, superó en el último momento el periodo de prueba del nuevo contrato que tuvimos que firmar.  La reforma laboral condiciona nuestras vidas hasta puntos insospechados-  pensé entre líneas discontinuas- pero no dije nada.

No  tuvimos miedo a encontrarnos diferentes, porque  ella ya no era ella y tenía jet- lag  y yo soy de los que me adapto y nada me coge por sorpresa.

Durante su estancia hormonal, los Tusitalas olvidados construyeron una personalidad diferente para que tuviera una muda que pudiera utilizar los días pares o las noches frías o en el momento en que la música se parase en la entrada de sus labios.

Yo, como su  Alter Ego oficial , al menos durante  las próximas lunas llenas, he sido generado  con palabras claves y   códigos de seguridad sin besos ni roces, esos que a ella  la descompensan y que son provocados en la barra de un bar mal iluminado por una ideología que confunde su sentido.

Ahora vuelve sana y salva. No sabemos con qué muda viene. Solo que ya no viaja en una alfombra caminada por sus dedos.

Zuri:

Estoy nerviosa y cansada de las terceras oportunidades y mientras me reunía con él pensé en cambiar de casa, de sombrero, de lado de la cama, y cambiar el paso que me cerrará la puerta.

Le ví allí, apostado en la única columna libre con el letrero de EXIT bajo su cabeza,  el único compañero que recoge mis contrahechos y los convierte en cicatrices. Parece más moreno e incluso más alto; seguro que ha paseado por las playas de Valencia y ha vuelto a repetir el destino de sus vacaciones. Recuerdo que no quiere viajar con billetes  sin vueltas.

Nos abrazamos dos medio días, hasta que se miró en el anverso del espejo y me di cuenta que no le devolvía su costumbre. En espera de reconocernos logró encender la vela y su cabeza empezó a arder.

Vailima (III)... desde mi último naufragio

La hoguera densa de pensamientos les acompañó a los escalones de la media vuelta.  Los arquetipos apropiados por ella misma le doblaban el espinazo en muchas partes y le recordaba de vez en cuando, que ya había llegado.

Zuri: Tuve un sueño, ¿tú sabes soñar?. Hay gente, que sólo duerme, te lo puedes creer?. Duerme cuando está dormido y duerme cuando está despierto, y nunca sueña. El sueño es descubrir  un mundo de brillantina,  una octava más de sutileza que deshace lo aprehendido y te abre sensaciones que conforman tu identidad; y creo; que el  mío ha sido de color Azul Atolón.

A continuación se abrió el corazón con una llave de madera y pudo verse a sí misma y pudo verse en él.

 Zuri  al Alter Ego: Creo que los espejos  guardan los reflejos cuando desviamos la mirada del cristal. Algunas veces, me han contado, que los espejos no dicen nada, sobre las emociones sin tabiques y sobre  sentimientos desolados. Sólo esperan el mejor momento para devolver el reflejo de lo que se quiere ser y no se es.

Alter Ego -con intención de fumar aunque ya no lo hacía después de un curso de hipnosis-: ¡Querida niña!, el espejo es presente, nos proyectamos cuando nos miramos en esta pantalla sin vida. Algunas veces ni siquiera nos reconocemos. Hay tantos reflejos como pensamientos; dijo despacito como si no quisiera hacerla daño y concluyó con una de sus frases preferidas: Hay momentos en que cuando te miras la cara, te ves los pies, y cuando los pies te piden atención, la espalda no deja de reflejarse.

Las madrugadas comenzaban a verdear por aquellas expansiones de centeno amarillento y al tercer día, ya sin abrazo, continuaron la conversación.

Alter Ego– ¿Has dormido bien? Hoy he amanecido con sabor a almíbar y tengo la sensación de que he asaltado  el cielo.

Zuri, que tenía las gafas al revés, contestó- No sé qué quieres decir, pero a lo mejor el cielo no quiere ser asaltado. No te esfuerces en ser martiano, sé que algunos de mis referentes no te gustan.

Alter Ego: Los morados no abren sus puertas, y hoy tienes mirada morada, no  sé si te has dado cuenta.

 

El silencio se hizo presente y el espacio y el tiempo abrieron la diferencia entre el ser y el estar. Los objetos cobraron similitud, y no dejaron de ser objetos. En esos momentos, él dejó la careta de esparto y se adentró por las noches en aquellas llanuras de escarcha y humedad.

Ya nuevamente acoplados, con algún desajuste rebelde, a su Alter Ego ya no le escandalizaban sus cambios de planes, sus improvisaciones que vuelan a cien por hora cada dos días, las  mantas que ocultan secretos,  o sus problemas para seguir los mapas. El rindió homenaje a esos momentos que se asemejan a la felicidad. Escuchó su silencio, sus rayas, sus espacios y  pudo escucharla a ella y todo comenzó nuevamente

Al principio despertaban  muchas veces y dormían todavía demasiadas

Se reconocieron por primera vez cuando no tuvieron familiaridad en el espejo.

Al final su viaje llegó a su destino y se sentaron en la imagen de la nada y del todo que no pagan billete de vuelta.©