Lo que tenemos delante es una sociedad en la que unos se divierten humillando, torturando, asesinando y otros lo hacen celebrando, amenazando y recibiendo con aplausos la muerte de quien tortura. Entre todos sostenemos algo que, de movernos, lo hace hacia atrás, justo donde no podemos permitirnos ir. Unos rabian desde las instituciones, con apoyo económico y oficial, vestidos de héroes, de honorables patriotas que hacen cultura. Otros rabian escondidos, desde su casa y su móvil, respondiendo cobardes, violentos y desatados al rebufo de la sangre y la sinrazón. Pero cobardes, violentos y desatados al fin y al cabo. Ambos rabian. Estamos demasiado acostumbrados a mensajes difuminados, confusos y embarrados. A repetir que todos son iguales, a alardear de centrismo y neutralidad (ambos siempre tan cómodos). A esconder carencias y huecos tras la bandera del equilibrio y la moderación. Quién empezó qué y cuándo empezó todo. Quién señala a quién. Quién anda a cuatro patas y quién a dos. Dónde terminó la razón y cuándo empezaron las animaladas.©

Coincide este texto con un momento (otro) en el que medio Twitter está revolucionado por la muerte de un torero. La primera sorpresa es que, si a la frase se le hacen un par de retoques, parece escrita en 1950.

Además, hace algunos días supimos que la Comunidad de Madrid de Cristina Cifuentes, por mandato legal, destina 25.500 euros a instituciones, sociedades, agrupaciones y, en general, organizaciones “sin ánimo de lucro que potencien, promuevan, desarrollen y divulguen las actividades taurinas”. A pesar de que el Parlamento Europeo lo rechace.

Volvemos a 1950.

Justo donde no podemos permitirnos ir

Lo que tenemos delante es una sociedad en la que unos se divierten humillando, torturando, asesinando y otros lo hacen celebrando, amenazando y recibiendo con aplausos la muerte de quien tortura. Entre todos sostenemos algo que, de movernos, lo hace hacia atrás, justo donde no podemos permitirnos ir. Unos rabian desde las instituciones, con apoyo económico y oficial, vestidos de héroes, de honorables patriotas que hacen cultura. Otros rabian escondidos, desde su casa y su móvil, respondiendo cobardes, violentos y desatados al rebufo de la sangre y la sinrazón. Pero cobardes, violentos y desatados al fin y al cabo.

Ambos rabian, y ambos lo pierden todo. Pero es conveniente recalcar que, en primera instancia, hablamos de personas que viven y alimentan a sus familias a costa de torturar seres vivos por placer. Una vez más, 1950. Aunque lo otro no sea mucho mejor, tampoco es peor.

Lo segundo es consecuencia de lo anterior. Nunca justificación.

Dónde terminó la razón y cuándo empezaron las animaladas

Coincidiendo con las fiestas populares que terminaron esta semana, se ha convocado y celebrado la primera gran manifestación antitaurina en Torrejón. Una convocatoria a la que sólo se ha adherido oficialmente un único grupo político municipal. No en 1950. En 2017.

La marcha quiere insistir en que este año, el ayuntamiento de Torrejón, una vez más ha celebrado su particular feria taurina. Con nuestro particular dinero público.

Incluye encierros para niños, con falsos animales, pero lanzando a los menores el mensaje de que aquello tiene sentido, pero que aún son pequeños para vivirlo. No hay que olvidar que hablamos de una ciudad en cuyas fiestas navideñas, se usan mulas y burros y se sube a niños encima para que cabalguen en círculos una y otra vez por circuitos en bucle de 20 metros cuadrados. Para que se diviertan. Los niños.

Se pasean patos por el asfalto de la Plaza Mayor y se les deja durmiendo allí por las noches, en casetas de madera, a algunos grados por encima de cero, para volverlos a pasear al día siguiente, por el mismo asfalto y con ese espíritu navideño de mirarles y creer que estamos haciendo lo correcto. Y que además es bonito. Familias que llevan a sus pequeños a ver a animales fuera de sus hábitats, sin explicarles que además de momentáneo es antinatural, que no están ahí para servirnos, ni entretenernos. Que es aberrante.

Nuestro dinero y nuestra conciencia siguen a salvo

Estamos demasiado acostumbrados a mensajes difuminados, confusos y embarrados. A repetir que todos son iguales, a alardear de centrismo y neutralidad (ambos siempre tan cómodos). A esconder carencias y huecos tras la bandera del equilibrio y la moderación. Quién empezó qué y cuándo empezó todo. Quién señala a quién. Quién anda a cuatro patas y quién a dos. Dónde terminó la razón y cuándo empezaron las animaladas.

Todo perdió el sentido el día que olvidamos que perdimos el norte.

Mientras tanto, nuestro dinero y nuestra conciencia siguen a salvo. Siguen yendo a patos. A toros. Y a burros.

De burros a burros.

A muchos burros.