F rancisco José Martínez Morán es un poeta honesto, que busca la sencillez y huye de lo banal, como nos recuerda en algunos de los poemas de su último libro Tacha, publicado por la editorial Renacimiento. Se trata de un objetivo realmente difícil porque no hay nada más complejo que buscar la sencillez, la perfección de lo sencillo. Por eso el poeta alcalaíno reivindica la poda, la eliminación de lo superfluo, como elemento esencial del poema. Al fin y al cabo es la ventaja de la poesía respecto a la vida porque ésta, como nos recordaba la poeta rusa Rimma Kazakova, no es borrador, se escribe en limpio.

No hay vuelta a atrás en la vida pero si en la escritura. El propio título del libro es una declaración de intenciones ya que la tacha, además de una herramienta de la escritura, puede ser un ejercicio de introspección: el sueño de poder silenciar lo nunca debíamos haber dicho o negar aquello que afirmamos con tanta pasión cuando éramos otros/as en otros tiempos o en otras circunstancias. 

Esa poética parte de alguien que ha decidido ser como su poesía y no pavonearse como hace muchos colegas. Y se presenta como es, un tipo sencillo, cordial, siempre disponible a pesar de sus muchas ocupaciones. Una buena persona en conclusión. 

Pero no nos engañemos: detrás de esa aparente sencillez y normalidad hay un gran poeta que escribe como lo hacían los clásicos, con una profundidad que a veces te deja helado, te hace reflexionar sobre la existencia, sobre lo que fuimos, sobre lo que estamos siendo y sobre lo que nos espera. Y lo hace con poemas breves (casi siempre lo sencillo y lo conciso van unidos) pero contundentes, con versos finales que nos sorprenden y conmueven. Se pregunta, por ejemplo, sobre el sentido de la existencia, sobre esos momentos en los que nos sentimos poderosos, como los vencejos que dan vueltas como si fueran los dueños del cielo sin saber que su destino es el suelo. Esta reflexión que vale para todos y todas, puede ser especialmente útil para los poderosos/as y los mezquinos/as, esos que tan bien retrata en su poema Vivat Academia, una sátira de la universidad española que tan bien conoce, repleta de reinos taifas, de clientelas, másteres ficticios y rivalidades cainitas. 

Hay pesimismo en los poemas de Francisco José Martínez Morán. Probablemente porque, como nos recuerda en un poema, la felicidad no necesite descripciones. O también porque hay veces que no hay salidas y la vida, aunque es obstinada y siempre sigue adelante y continúa amaneciendo cada día, nos conduce por corredores infinitos en donde no hay puertas por las que escapar. Es cierto que su mirada es en ocasiones su mirada sombría pero al fin y al cabo es la observador, la de quien nos advierte de que las gaviotas no siempre son un presagio de mares cercanos. 

Francisco José Martínez Morán nos recuerda que la vida es algo efímero tras la que todo pierde sentido, lo material se vuelve ingrávido, todo lo que acumulamos se desvanece. Y se pregunta ¿para qué la vida? y nos responde con la contundencia de quien no está dispuesto a hacer concesiones: para nada. ¿Y para qué el deseo si nunca lo alcanzamos plenamente porque está escondido en un lugar al que no podemos llegar? Algo parecido le ocurre con la belleza: la busca con afán, en cada verso, en el ritmo acompasado de sus endecasílabos y la toca con la punta de los dedos, pero siendo consciente de que la belleza sea tal vez uno más de los engaños (o los placebos) de la vida. ¿Y la felicidad? ¿No es verdad que siempre hay una pieza que no encaja? 

Pero el poeta no se rinde, su mirada hacia el mundo puede ser pesimista pero no derrotista. Puede naufragar una y otra vez pero se levanta, planta cara a la vida. Y es que Francisco José Martínez Morán es algo que todavía no he dicho porque quería dejarlo para el final: una persona valiente, en la vida y en la poesía. Por eso escribe libros como Tacha, un buen ejemplo del esplendor poético que se está viviendo en los últimos años en España.©

Cafetín el Desván

“Deshilvanados, secos, ofendidos:
ahora el pedregal somos nosotros”

“Ya no rindo mi voz a la hermosura,
ni dejo que las ruinas equilibren
mis ansias de nostalgia e ilusión.

Ya no poso los labios en la página:
La belleza está siempre más allá
de lo alcanzable, como todo engaño”.

“Qué absurdo este poder en el vació:
en vuestra libertad solo hay ficción,
escapatoria en círculos, engaño
del aire hecho presente.

Más tarde o más temprano, os detendréis
y todo será suelo”

“Testimonio del mundo hecho pedazos:
eso es ahora el verso.
No más irremediable
que antaño sino más
preciso, más exacto en la constancia
del fragmento que nunca
formo parte de un todo compatible

Acta del desengaño, a lo barroco;
atestado sin ficha, ni testigos,
ni archivo, ni archivero;
continuidad kafkiana de lo inane”

“De claro en claro el mundo es siempre el mismo.
Dedico tanto seso a la locura
que, al cabo, la razón no me parece
más que una necia danza para muertos”

“Si algo de lo que sé sirviera de algo,
jamás lo escribiría en un poema”

“Aunque siempre he sabido que la búsqueda
termina en el mismo punto estéril
en el que comenzó; aunque los jardines
en raras ocasiones me deparan
un verdadero atisbo de belleza;
aunque la piedra calla y los retratos
mienten y las bandadas de estorninos
bailan su vuelo ajenos a mis ojos;
aunque una estela cruza
el mar y los tejados;
aunque la vida es poco más que vida,
yo naufrago y me aferro.”

“Todo está en otra parte:
lejos, como el deseo.”


FRANCISCO JOSÉ MARTÍNEZ MORÁN:

(Madrid, 1981). Doctor en Literatura Comparada. Ha publicado los poemarios Variadas posiciones del amante (2006, Premio Nacional de Poesía Joven Félix Grande), Tras la puerta tapiada (2009, XXIV Premio de Poesía Hiperión) y Obligación (Polibea, 2013). Sus poemas han sido traducidos al portugués, al rumano, al inglés y al griego.
En 2010 apareció su colección de relatos Peligro de vida (El Gaviero) y es autor, bajo el heterónimo Carlos Grande Grande, del ensayo Crónica digital de Carlos Grande y del libro de poemas Grande Tercera Phase (2013 y 2015, Evohé). En 2018 publicó Amistades comunes (Baile del Sol), su primera novela.
Es colaborador habitual de numerosas revistas poéticas, así como de Cadena SER Henares, donde se ocupa semanalmente de la columna de opinión cultural La voz en el mensaje. Desde 2014 organiza el Ciclo de Poesía del Corral de Comedias de Alcalá de Henares.

Todos los versos del artículo, de Francisco José Martínez Morán, (2018), TACHA, Editorial renacimiento.