Select Page

Se llamaba Samuel, el silencio es cómplice. Carta de des-afección

Se llamaba Samuel, el silencio es cómplice. Carta de des-afección

El silencio es cómplice compañera y compañero. Y puede, puede que esté en un momento de inflexión personal, y puede que esté amargada aunque esa emoción no va conmigo, pero lo que sí estoy es triste, decepcionada e indignada y hoy des-afectada. No quiero recibir afecto de esa sociedad tan insensible, tan consumista, tan fascista, tan inculta y tampoco quiero darlo. Hoy es soleado y me apetece pasear…

A QUIEN QUIERA LEERME. CARTA DE DES-AFECCIÓN.

Menos mal que siempre me queda algún recurso bajo la manga, o alguna palabra “salvavidas”, de esas que encajan perfectamente para vestir una sensación.

Hoy he abierto el cajón de la ropa interior y me he topado con la DES – AFECCIÓN. Creo que siempre ha estado ahí, escondida y oculta bajo mi ropa interior desordenada y algo ingenua.

Hoy, me he puesto ese pensamiento en mi cabeza y la falda de inseguridad de la semana pasada, y así, me presento al mundo virtual y por supuesto al real, que hoy es soleado y me apetece pasear.

Hoy tengo la falta de afecto, des-afección, por compañera. Un deterioro subjetivo de mi relación con un ser abstracto que es el ser humano, en minúscula. Sé que es pretencioso pero yo me lo permito.

Me lo permito porque No quiero formar parte de un entorno que no se moja y no da un paso hacia delante. Lo que viene siendo posicionarse, vamos. NO quiero formar parte de un entorno que considera que las muertes de seres humanos son diferentes. Qué pasa en esta sociedad, en este País, que no nos levantamos contra la muerte de un pequeño de seis años en aguas del estrecho junto con su madre, y otros compañeros, que no ha tenido ninguna oportunidad para salvarse?.

 

¡ Ah, son negros y pobres y bueno, uno más o uno menos … qué más da!!. Venga, siempre con lo mismo, me dicen, mira qué vitaminas para ponerte en la cara y parecer más joven. Mira, qué te pasa que no sonríes tanto. Estás amargada! Hasta cuándo vas a ir a terapia, te estás dejando un pastón y no logras ser feliz. Esto me dice parte de mi entorno. Sonrío.

Y puede, puede que esté en un momento de inflexión personal, y puede que esté amargada aunque esa emoción no va conmigo, pero lo que sí estoy es triste, decepcionada e indignada y hoy des-afectada. No quiero recibir afecto de esa sociedad tan insensible, tan consumista, tan fascista, tan inculta y tampoco quiero darlo.

Me llama tanto la atención aquellas y aquellos que se levantan indignados por la defensa de los derechos humanos, en minúscula, ante las decisiones racistas de D. Trump, y o estoy ahí indudablemente, pero que no se indignan por este racismo y clasismo normalizado de nuestro país, por los muros que hay en Melilla, por los muros mentales que nos hemos dotado y hemos ido incorporado para agrandar nuestro individualismo, nuestro miedo, nuestra insolidaridad.

¿ Qué fácil es indignarte cuando esa indignación no conlleva la acción, verdad?

 

Pues aquí, querido y querida amiga, en este País, en este Estado hay CIE-S, que detienen a personas llamándolas ilegales, hay un alto porcentaje, más de lo permitido por las leyes internacionales de devoluciones en caliente, ponemos concertinas en la valla de Melilla, les tiramos bolas de goma, nos saltamos los acuerdos en materia de refugiados, sigo? No, mejor no.

Igual estas no son razones suficientes para luchar aquí, en nuestro entorno. Y da más glamour sumarse a las declaraciones contra Trump. Yo la primera que lo denuncio. Pero, creo que tenemos barricadas de lucha, motivos para hacerlo y que no deberíamos ir dando lecciones de democracia y de ser garantes de salvaguardar los derechos humanos cuando hacemos lo mismo que denunciamos. Hacer lo mismo es mirar hacia otro lado. La omisión, el silencio es cómplice compañera y compañero.

No pretendo dar lecciones de nada ni a nadie. Pero mi sitio está ahí. La suerte es que estoy con mucha gente pero, por favor, como esto no es obligatorio y soy bastante clara, abstenerse los y las que no penséis como yo en este caso. Lícito, of course. Yo sólo quiero fluir ahí, y construir solidaridad. Lo demás y los demás no me interesan.

Ese niño se llamaba SAMUEL

Saludos.

 

About The Author

Silvia Román

Ella se viste con diferentes nombres, varias veces al día, puede ser Zuri, Román o Silvia. Le contemplan años de experiencias muy íntimas en el planeta del "arte", donde disfruta y desarrolla su pasión de escribir e improvisar, para trabajar sus aspectos más internos... y si buscas en ella más, lo encontrarás en su experiencia como trabajadora social, es ahí donde se licencia cada día, en las barricadas de la exclusión, y donde se le "incendia" la llama por expresar lo que más le hace sentir. Este perfil social y activista, es parte de su ADN, Silvia quiere desarrollarse en la red y con l@s otr@s.

Leave a reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Recibe los artículos

Archivo de publicaciones

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies. ACEPTAR

Aviso de cookies
Shares
Share This