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Recuperemos el río Henares para todos y entre todos

Recuperemos el río Henares para todos y entre todos

Toda mi memoria gira en torno a Torrejón de Ardoz, donde nací hace 57 años. La mayor parte de mis recuerdos son de aquí, de este pueblo, como yo lo sigo llamando aunque ahora enarbolen la palabra ciudad como algo inmejorable. Nací en la casa donde vivo, entonces las comadronas venían a las casas. Fui al colegio Buen Gobernador hasta los 10 años y, después, al JABY; los estudios posteriores me desplazaron porque no se podían hacer, entonces, en Torrejón, pero regresaba todas las tardes. Hasta la “mili” la hice en Torrejón, en el INTA. Me casé en la parroquia San Juan Evangelista y mis tres hijos nacieron en Alcalá de Henares (no teníamos aún hospital: me dio especial alegría cuando pude poner en el registro, pese al verdadero lugar del nacimiento, que habían nacido en Torrejón de Ardoz).

Buscando entre mis vivencias, descubro que el río Henares estaba presente como algo más del municipio: “Vamos a coger palolú al río” era una expresión común entre la chiquillería de aquellos tiempos, años 60 y 70. Recuerdo de una manera muy entrañable una excursión al río cuando tenía 11 años, a esa edad todas las cosas especiales se graban de manera imborrable en tu cabeza. Cursaba 1º de bachillerato, hoy sería 1º de ESO, en el colegio JABY de Torrejón de Ardoz, fundado solamente 1 año antes, en 1969. Fuimos todos los chicos y chicas de 1º y 2º, con nuestras mochilas, nuestros bocadillos, nuestra ilusión, y la señorita Milagros, grandísima maestra. Cruzamos las vías del tren por debajo, por el puente “de los gitanos” y seguimos por detrás de la base de automovilismo y, siempre campo a través, por una vereda llegamos hasta el barrio del Castillo donde nos esperaba un alumno que vivía allí. Cruzamos por el patio del castillo de Aldovea, en estado ruinesco en esa época, y bajamos, bordeándolo, hasta la ribera del río Henares, a unos pinares que serían la envidia de cualquier río de España. Allí viví uno de esos días inolvidables que pasas en la vida cuando tienes 11 años.

Con el transcurrir de los años empecé a dedicarme a recopilar fotografías de Torrejón, de aquel pueblo que conocí y disfruté en mi infancia, quizá por esa añoranza de la búsqueda de una época feliz ya pasada, comprobando a través de las muchas imágenes que he ido recogiendo cuánto ha cambiado todo. Todo lo que había visto. Había desaparecido la casa de la Torre, en la calle Manuel Sandoval; habían transformado la plaza Mayor en una caricatura de lo que había sido; se había especulado con el San Isidro, el campo de fútbol con tantos recuerdos, haciéndolo desaparecer para siempre; los cines; “el Oasis, el baile”; la estación del tren con su gran remodelación; el antiguo cementerio… Y todo estaba allí en las fotografías como si, de algún modo, todos estos lugares siguieran existiendo.

Después de varias exposiciones fotográficas con este material de todos los torrejoneros, de tres libros con mi compañero José Antonio Gutiérrez de Mesa, de una página web con mi amigo Néstor Blasco Morena -www.lasfotosdetorrejon.es- y una página en Facebook “Las Fotos de Torrejón”, después de seguir recopilando más y más fotos con más ilusión, si cabe…, he caído en la cuenta de que el río Henares siempre ha estado ahí, no lo han podido hacer desaparecer, nadie se lo ha podido llevar a otra parte. Eso sí, está herido, bastante herido, maltratado, que sería la expresión más válida o, quizá, olvidado, infravalorado, qué sé yo, pero duele verlo así y mucho para los que lo hemos conocido en esplendor.

Y qué se puede hacer. Pues defenderlo, como, quizá, deberíamos haber hecho con la casa de la Torre, la plaza Mayor o el campo de fútbol San Isidro. Somos las personas las que tenemos que movilizar las cosas. Las administraciones son entes, la mayoría de las veces, sin sentimientos, y más cuando están presionadas por intereses económicos. Por eso estoy solicitando vuestras firmas a través de Change.org en https://goo.gl/HvHMfh porque vivimos aquí y se pueden mejorar las cosas, no todo es crecimiento: se puede crecer pero en prestaciones sociales, pensando más en el bienestar de las personas, no siempre buscando su consumismo o su participación en estadísticas (esto sí que gusta a los “entes”).

Pienso en este Torrejón, en el actual, y creo que ganaría, y muchísimo, con un río que lo circunda ya, que no hay que traerlo de ningún lado, que no hay que construirlo, que sólo hay que atenderlo, que ha estado ahí todo el tiempo.

Ahora sólo hay que imaginar: una vía verde paralela a su cauce, senderistas recorriéndola, pescadores pescando, matrimonios con su bebé en el carrito paseando, personas con su silla de ruedas disfrutando de sombras, cicloturistas por su carril, -respetando a los senderistas-, jóvenes y no tan jóvenes (quitándose de las casas de apuestas o de ir tanto a los centros comerciales -las compras tienen su tiempo y no el de ocio-), parejas de enamorados, personas de la tercera edad haciendo lo que les han recomendado: caminar, grupos de colegiales junto a su profesora descubriendo in situ la materia impartida en clase… Y seguid imaginando: mantenimiento de las zonas verdes (puestos de trabajo), un aparcamiento con personal a cargo (puestos de trabajo), recogida de basuras (puestos de trabajo), uno o dos merenderos (puestos de trabajo), un parque infantil vigilado (puestos de trabajo)…

Si alguien me preguntara por qué haces esto ahora, por qué solicitas firmas para “restaurar” -sería la palabra más correcta- el río Henares, le contestaría que porque no hay derecho a tenerlo así. Que está para nadie.

Personas como las artífices de Salvemos el Henares, http://salvemoselhenares.blogia.com/, son a las que tenemos que apoyar. Nuestras firmas son muy importantes porque 1 + 1 son 2, pero así hasta 126.000 habitantes que somos o más es mucha presión hasta para los “entes”. Imaginad por un momento que este movimiento se trasmite a Mejorada, San Fernando, Alcalá, Azuqueca, Guadalajara…


Campaña de firmas a través de CHANGE.ORG porque vivimos aquí y se pueden mejorar las cosas, no todo es crecimiento: se puede crecer pero en prestaciones sociales, pensando más en el bienestar de las personas, no siempre buscando su consumismo o su participación en estadísticas (esto sí que gusta a los “entes”).

Ahora sólo hay que imaginar: una vía verde paralela a su cauce, senderistas recorriéndola, pescadores pescando, matrimonios con su bebé en el carrito paseando, personas con su silla de ruedas disfrutando de sombras, cicloturistas por su carril, -respetando a los senderistas-, jóvenes y no tan jóvenes, parejas de enamorados, personas de la tercera edad haciendo lo que les han recomendado: caminar, grupos de colegiales junto a su profesora descubriendo in situ la materia impartida en clase… Y seguid imaginando


 

About The Author

Enrique Sánchez

Es un buen amigo y maestro en la Escuela de adultos. Le encanta la naturaleza, su familia, la inocencia de los niños y su trabajo. Piensa que Torrejón es un pueblo con historia y sueña con un río lleno de futuro.

2 Comments

  1. Muy buen artículo, lleno de nostalgia e intimismo, propio de la filosofía existencial de Kierkegaard y Unamuno. El río no ha muerto, está herido. Los edificios remodelados han muerto, pero quedan en las fotografías. Todos los que vienen deberían saber lo que aquí hubo antes, pero no importa, el caso es estar vivos.

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  2. Un gran artículo que me ha transportado a mi infancia, cuando junto a mis padres, hermano, tío-as, prima-os, pasábamos días estupendos en el río, la cercanía de este en mi recuerdo, ya que sin tener coche se llevaba todo lo necesario para pasarlo en grande, comiendo, bebiendo y sobre todo riéndonos y disfrutando de este río que sigue existiendo pero ya no para nuestro disfrute. Que buenos recuerdos, solo imaginar que se podría conseguir todo lo que se menciona en el artículo, ya merece la pena luchar por ello. Gracias a Enrique Sánchez por hacernos soñar…

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