¿Qué puede llevar a una familia de cuatro miembros de Velilla de San Antonio, un municipio que se encuentra a poco más de 20 kilómetros de Madrid, a tener a su disposición tres coches y una moto? ¿Qué puede provocar que gentes inteligentes decidan acometer un gasto enorme en vehículos, combustible y, además, se sometan diariamente a la tortura de aguantar interminables atascos? ¿Nos podemos permitir el coste económico y el impacto sobre la salud y el medio ambiente?. Si alguien decidió que no podía permitirse pagar el precio de la vivienda en Madrid, y para vivir a 20 kilómetros de Madrid tiene que aplicar todos sus recursos económicos en moverse a Madrid, estamos ante una situación absurda. Y en este contexto Javier J. Herranz recupera el debate sobre Transporte Público en la Comunidad de Madrid, para “Pensarlo de otro modo“.

El mismo derecho tiene a acceder al Metro una ciudadana que resida en Bustarviejo que un ciudadano que resida en Fuenlabrada, el enlace entre territorios, y la estación de Metro más cercana, debería ser de calidad y gratuito. En cambio, te ves 30 minutos en la parada esperando a tu autobús, y poco después ese autobús permanece una hora retenido en un atasco monumental y, al final, todo para dejarte en Conde Casal cuando tú trabajas en Aluche, tienes que ser consciente de que estás ante una organización idiota, pensada por idiotas, y que, además, esos sujetos van a venir a pedirte el voto dentro de unos meses…¡Tu verás!©

Transporte Público: un derecho por el que luchar

PENSAR EL TRANSPORTE PÚBLICO DE OTRO MODO

Hablar de transporte es hablar de movilidad y hablar de movilidad es hablar de todo, o de casi todo. Seguramente, si las necesidades y las urgencias de las gentes se pudieran resolver en el municipio que por un momento nos logramos imaginar, si el modelo que defendemos hubiera sido implementado, las necesidades de desplazar diariamente nuestras jóvenes o viejas estructuras psicofísicas por un territorio más o menos amplio, no sería un serio problema personal y social.

¿Qué puede llevar a una familia de cuatro miembros de Velilla de San Antonio, un municipio que se encuentra a poco más de 20 kilómetros de Madrid, a tener a su disposición tres coches y una moto? ¿Qué puede provocar que gentes inteligentes decidan acometer un gasto enorme en vehículos, combustible y, además, se sometan diariamente a la tortura de aguantar interminables atascos? ¿Nos podemos permitir el coste económico y el impacto sobre la salud y el medio ambiente que esta locura supone?

Cuando pongo el ejemplo anterior no me estoy inventando nada, hablo de casos conocidos en los que el papá y la mamá salen y regresan a casa a horas diferentes y con destinos opuestos, la hija mayor pretende llegar a la universidad sin tener que emplear cinco horas en el trayecto de ida y vuelta y, además, se ha visto necesario disponer en la familia de otro vehículo que permita sortear los atascos con cierta facilidad. Mejor que no intentemos dar a estas buenas gentes un discurso político moralizante o engolar la voz para “hacer pedagogía”, porque la respuesta que podemos encontrarnos sobre la calidad del transporte público, sobre la inestabilidad laboral, sobre los horarios de los trabajos, sobre la distribución de los centros formativos y algunos detalles más que demuestran lo disparatado de algunas decisiones políticas, puede no gustarnos. La solución que les proponemos está a “años luz” de poder resolver el problema que se les presenta dentro de unas horas, cuando tengan que decidir quién se pasa por un centro comercial antes de llegar a casa, o quién puede pasar a recoger al hijo menor para llevarle a una consulta médica de un especialista que alguien ha decidido emplazar a diez kilómetros del municipio de residencia.

Estoy poniendo ejemplos muy conocidos, a sabiendas de que en otras zonas de la Comunidad de Madrid las dificultades se multiplican, y que lo frecuente es que no se disponga de recursos para tanta “inversión” irracional. Moverse por la Comunidad de Madrid contando solo con los “autobuses verdes”, es una aventura de tal envergadura que cualquier ejemplo que se pueda poner puede parecer una exageración disparatada propia de un demagogo ¿Alguien se puede imaginar la cara que se le queda a un/a vecino/a en una oscura, fría y lluviosa mañana de invierno, a las 6.00 de la mañana, por ejemplo, cuando después de esperar 45 minutos a su autobús, ve que no para porque viene lleno, y le toca esperar otros 45 minutos sin la garantía de que el siguiente tendrá espacio disponible?

En este Madrid irracional cada una podrá contar la tortura cotidiana de atascos, esperas, empujones, incomodidades, cansancio, sueño, respiración dificultosa, problemas digestivos, cabreos monumentales y un miedo sordo a que el jefe no entienda las razones por las que el insolente empleadito ha llegado 8 minutos tarde a trabajar… ¿Acaso no sabe que le basta con chascar los dedos para tener a alguien dispuesto a trabajar por la mitad del sueldo del irresponsable e insolente que intenta poner mil excusas por su tardanza?

Transporte Público: Pensar de otro modo

¿QUIÉN DECIDE Y PLANIFICA EL TRANSPORTE URBANO E INTERURBANO?

Los que hemos conocido otras épocas, sabemos que la intención que animó la creación del Consorcio Regional de Transportes de Madrid fue muy buena. Los partidos de izquierda, los sindicatos y las asociaciones de vecinos tenían mucho que decir. Nadie había aceptado el dogma de que el 50% del coste tenía que asumirlo el usuario, y que las frecuencias tenían que ponerse en relación con la ocupación. En este momento, el Consorcio es un espacio en el que se reúnen ayuntamientos y empresas, en el que los dos grandes sindicatos tienen cada uno un representante, y en el que los vecinos han sido reemplazados por “los consumidores”. La Comunidad y el Gobierno también tienen su espacio en este conglomerado de intereses divergentes. Donde debería ser absolutamente escuchada la voz de los vecinos y vecinas, cualquier otra voz se impone con fuerza, desde los intereses de las empresas privadas que se han repartido la tarta de los autobuses verdes, hasta los grandes polígonos y centros comerciales que no necesitan estar físicamente presentes para que se note su enorme influencia.

No vamos a enredarnos ahora en explicar la razón por la que la lucha contra directivas europeas de liberalización de servicios públicos es fundamental, y porqué los acuerdos internacionales de libre comercio tienen puesta su mirada en el transporte urbano e interurbano. Me conformo con que se entienda que son las gentes organizadas y los municipios progresistas los que, con la máxima urgencia, tienen que ponerse en su sitio para dejar claro que las decisiones sobre las necesidades, frecuencias y calidad de su autobús, su metro o su trenecito de cercanías no puede ser tomada por agentes oscuros a los que su bienestar, su vida y su salud no cuenta para nada. Estos agentes pueden tomar en cuenta sus hábitos de consumo y asegurar que su voto cada cuatro años no abre la puerta a una opción política incómoda, pero los índices de morbilidad y mortalidad en un territorio no afectan a su cuenta de resultados.

Porque, se entienda o no se entienda, la felicidad o infelicidad, la tensión cotidiana, el equilibrio y la calidad del aire que respiramos afecta directamente a nuestro tiempo y calidad de vida. Si sintetizamos al máximo lo que decimos, nosotros hablamos siempre de vida donde ellos hablan de negocio y, además, lo hacen con tal descaro que, cuando ponemos en valor el bienestar de las gentes nos dicen que nos hemos salido de tema. Si los que crearon y engordaron la burbuja inmobiliaria se mostraron absolutamente idiotas en su capacidad de previsión y planificación, ahora no pueden decir que a esos dos bloques que han quedado aislados y separados de cualquier núcleo urbano, se les niega el derecho a moverse porque el índice de ocupación así lo aconseja.

Transporte Público: Averías ((estación de Atocha)

EL METRO DE MADRID

No se si la gente sabe que una de las decisiones más importantes del PP en Madrid, aprovechando el mismo color político de la Comunidad y el Ayuntamiento en la última legislatura, fue la cesión o venta (me da lo mismo) de la parte de propiedad municipal a la Comunidad de Madrid, además de un recorte enorme en las inversiones y las frecuencias (que ahora dicen estar recuperando) y un ERE rarísimo que degradó el servicio de Metro de un modo absolutamente perceptible. El ERE justificado por un supuesto exceso de plantilla se ha mostrado como una burla, porque los mismos puestos de trabajo que en su día fueron eliminados ahora se muestran necesarios, y se están cubriendo en una importante oferta de empleo. En la EMT de Madrid la acción coordinada y contundente de los sindicatos evitó la privatización, el recorte de plantilla o una reducción de los salarios de un 7,5% que pretendía Ana Botella.

Pero volviendo a lo que nos ocupa, y creyendo por un momento en el concepto de propiedad, entendemos que cada vecino y vecina de Madrid, desde los que habitan en grandes municipios a los que lo hacen en pequeños municipios de la periferia, tienen el mismo derecho a acceder y a disfrutar de este medio de transporte. Antes de decidir qué línea de autobuses necesita un ayuntamiento, y con el único argumento de que tenemos que igualarnos en derechos y como legítimos propietarios del Metro de Madrid queremos disfrutar de nuestra propiedad. El mismo derecho tiene a acceder al Metro una ciudadana que resida en Bustarviejo que un ciudadano que resida en Fuenlabrada. Por lo tanto, y de modo absolutamente gratuito, el enlace entre un lugar de residencia y la estación de Metro más cercana tendría que ser asegurado de inmediato. Dudo que los vecinos de El Boalo sepan que han comprado el Metro de Madrid, y no dudo de si fueran conscientes de esa importante adquisición algún uso la podrían dar.

Por un Transporte Público digno y suficiente

MUY LEJOS DE UN MODELO MUNICIPALISTA

Cuando hemos accedido a ciertos niveles de “poder municipal”, y además lo hemos hecho manteniendo espacios asamblearios de participación, nos hemos encontrado con que estamos a años luz de las soluciones que necesitamos y que, además, cuando intentamos explicarlo parece que estamos contando un ficción irrealizable.

Es inútil, de momento, intentar explicar que no es disparatado aspirar que se ocupe de la limpieza urbana o el cuidado de los parques y jardines de un municipio, la gente que lo habita. No estamos locos cuando decimos que se puede negociar la generación de empleo de calidad con las empresas que se instalan en el término municipal y que, además, tampoco está de más asegurarnos que generan ningún problema de salud o medioambiental.

Sabemos que chocamos con la Ley de Racionalidad y Sostenibilidad de la Administración Local que redujo drásticamente el margen de maniobra de los Ayuntamientos, pero las limitaciones formales poco pueden contra los acuerdos reales tomados por los habitantes de un municipio. La lucha para conseguir que los recursos y las decisiones se queden en los ayuntamientos y que, además, se ensayen cada vez modos de participación más eficaces, se presenta larga. Pero son tan torpes y ridículas las políticas “desde arriba”, que cualquier acuerdo tomado en un pequeño pueblito o en un barrio popular de una gran ciudad tiene muchas posibilidades de burlar las limitaciones de “el sistema”. También sabemos que habrán de llegar los tiempos del desafío y la desobediencia organizada y los acuerdos comarcales creando una estructura paralela, pero todavía no ha llegado el momento de poner algo así encima de la mesa.

En el municipio la vida, en el municipio el trabajo, la generación y la distribución de energía limpia, la solución a las necesidades de educación, salud y vivienda. Y si tenemos que hablar de transporte y de movilidad, de la necesidad de comunicarnos y de movernos, tendrá que ser por acuerdo y poniendo como criterio fundamental las necesidades de la población…¿No saben los municipios cuáles son sus necesidades? ¿No se pueden tomar acuerdos comarcales que conecten primero lo próximo antes de pensar en lo remoto?

Está muy bien poner limitaciones al vehículo privado y “castigar” al que contamina, pero sin soluciones y alternativas no vale para nada. Todo lo que no nazca de la reflexión y el debate de base, todo lo que no sea comprendido por la gente, será una imposición.

Yo trabajo en la EMT y soy uno de los miembros del Comité de Empresa que salió de las últimas elecciones sindicales. Me confieso absoluto defensor de la Asamblea General de trabajadores y trabajadoras, pero cuando los trabajadores organizados han hablado con las vecinos organizados, la cosa ha cobrado otra dimensión. También he aprendido mucho de la Asamblea de vecinos y vecinas de un pequeño municipio de Madrid, una asamblea que dicta el voto a los concejales que salieron en una candidatura de unidad popular; ahora el espacio creado por MxM (Madrid por el municipalismo) está permitiendo un encuentro real de experiencias municipalistas. Hay una enorme descompensación entre el potencial que se vislumbra y la fuerza de la que partimos. El proceso de crisis y desestructuración del sistema juega a nuestro favor, y la dificultad para imaginar soluciones distintas a las habituales juega en nuestra contra.

Renfe no respeta el derecho de accesibilidad en la línea C2

ESTÁS ANTE UNA ORGANIZACIÓN IDIOTA… ¡TÚ VERÁS!

El ejemplo con el que he comenzado necesita soluciones inmediatas. Si alguien decidió que no podía permitirse pagar el precio de la vivienda en Madrid, y para vivir a 20 kilómetros de Madrid tiene que aplicar todos sus recursos económicos en moverse a Madrid, estamos ante una situación absurda. El peso de los pequeños ayuntamientos en el CRTM es insignificante. Si se agruparan en una comarca que comparte problemas y, por lo tanto, puede compartir soluciones, sería mucho mayor. La capacidad de nuevas o viejas opciones políticas de contar en su programa para la Comunidad de Madrid con lo que les dictan sus bases, también puede marcar la diferencia.

Estamos muy lejos aún de pensar en recuperar el mundo rural, muy lejos aún de hablar de decrecimiento y explorar otra forma de vida. En este momento solo se trata de empezar a hablar, de mostrar los disparates de un sistema absurdo, y de intentar pequeñas soluciones y acuerdos contando de verdad con la gente. También se trata de que supuestos especialistas no nos enreden con cálculos y cifras complejas. Si te hablan de índices de ocupación y frecuencias y tú te ves 30 minutos en la parada esperando a tu autobús, y poco después ese autobús permanece una hora retenido en un atasco monumental y, al final, todo para dejarte en Conde Casal cuando tú trabajas en Aluche, tienes que ser consciente de que estás ante una organización idiota, pensada por idiotas, y que, además, esos sujetos van a venir a pedirte el voto dentro de unos meses…¡Tu verás!©