Queremos abrir una sección nueva en la revista PlazaTorrejón que aborde qué es municipalismo, ¿Quién conoce mejor las necesidades y problemas de un municipio que quienes lo viven día a día? ¿Quién podría gobernar mejor un territorio que sus propios habitantes? ¿Y quién llevar a cabo una política realmente democrática sino las vecinas y vecinos en torno a una asamblea?.  Las experiencias municipalistas han florecido a lo largo y ancho de la Comunidad de Madrid como un ideal democrático del autogobierno del pueblo.  Este ideal ha avanzado a través de diferentes expresiones políticas -federalismo, juntismo, cantonalismo, libertarismo- para concretarse hoy en iniciativas de democracia radical en los territorios, proyectos cooperativos, autónomos, plurales e inclusivos. Estos proyectos apuestan por la diversidad, el feminismo, la ecología y una necesaria redistribución de la riqueza, en definitiva, un impulso democrático comprometido con la justicia social y construido “desde abajo”.  En este artículo, Jorge Dodero analiza el municipalismo como la única alternativa posible y fiable para salir de la crisis actual, frente a la que solo se adivina la más absoluta barbarie.©

Municipalismo o barbarie

Vivimos tiempos de crisis. Crisis no sólo económica, con sus consecuencias de paro, pobreza, recortes, sino también crisis del Estado de partidos, de la estructura territorial y, sobre todo, crisis ecológica de dimensiones incalculables. Esta situación nos pone ante un paisaje confuso, pero también abierto, en el que caben casi todas las posibilidades. Por ello  aparecen o se recuperan nuevas y viejas propuestas, porque todos esperamos una alternativa posible en la que creer. Este escrito es una apuesta decidida por el municipalismo, como la opción que puede llevarnos de manera fiable a la superación de esta crisis que llamamos de época.

 

¿Por qué el municipalismo?

Una propuesta de renovación del sistema, para poder alcanzar la categoría de alternativa posible y creíble, ha de cumplir algunas condiciones:

1. Ha de tratarse de una propuesta capaz de enfrentar todas y cada una de las grandes crisis que sufrimos, que son distintas facetas de una misma implosión del sistema.

2. Sin embargo, no puede ser una propuesta cerrada y acabada, sino que ha de tener el carácter de un método fiable de aproximación y resolución de problemas, que no condicione o determine de inicio el contenido de la solución.

3. Tiene que nacer vinculada a experiencias pasadas y al mismo tiempo, a un futuro posible y deseable. No puede ni pretenderse nacida ex novo de la nada, ni dejar de tener en cuenta las tendencias que se adivinan en el eterno presente en que vivimos.

Estas son condiciones necesarias, pero no suficientes, puesto que hará falta también organizar las fuerzas que pretendan poner en pie la alternativa y extenderla y sostenerla en el territorio.

municipalismo, una alternativa posible

El municipalismo como alternativa de amplio espectro.

Las crisis en las que nos encontramos sumidos afectan a todos los aspectos de un sistema que se desploma. Frente a esta acumulación de crisis, el municipalismo plantea, de manera tosca pero expresiva, un primer objetivo: “todo el poder a los municipios”; es decir, el municipio como elemento central de la transformación de la organización política, económica y social.

En este punto, conviene aclarar que el término municipio que se utiliza no ha de limitarse a su vertiente institucional (ayuntamiento). El municipio es, ante todo, una comunidad de personas, establecidas en un territorio que, además, establecen unas instituciones a través de las que canalizar la gestión y administración de lo común, pero sin que estas instituciones constituyan el elemento principal del municipio.

Hecha esta aclaración, apuntaremos como desde el municipalismo es posible encarar de manera completa las distintas facetas de la crisis.

 

El municipalismo como modelo de organización política

El municipalismo coloca al municipio como unidad básica real de la organización política. Concentra éste todas las competencias porque nace de la agrupación de quienes son los únicos poseedores, de manera irrenunciable, de la soberanía, con capacidad para ejercerla directamente a través de mecanismos establecidos por ellos mismos. Desde esta perspectiva se recompone toda la estructura estatal, pero no como una descentralización en la que la institución más amplia cede parte de sus competencias, o la mera gestión administrativa de las facultades que de ellas se derivan, a instituciones de ámbito menor. Lo que se propone es la constitución de órganos con distintas esferas de actuación, de menor a mayor, a partir de la cesión de competencias o facultades, desde los municipios, que disponen de todas ellas, a otros órganos creados por ellos, en función de las necesidades detectadas y de forma libre y federada.

Es posible así la construcción de una estructura política sólida, a partir de cimientos que acumulan toda la potencia necesaria para sostener el edificio, pero vivos y capaces de adaptarse de manera rápida y completa a los cambios de un entorno complejo e incierto, en continua transformación.

Por otra parte, se superan las tendencias actuales a la uniformización, que traen como consecuencia la imposición de modelos organizativos homogeneizados que nunca se adaptan completamente a ninguna de las realidades municipales en las que se aplican. Se respeta la potestad de cada municipio de organizarse de la manera más adecuada y eficiente, en función de sus características propias, siempre diversas, y que difícilmente puede recoger un modelo unificado.

municipalismo 7

El municipalismo y la cuestión territorial

La puesta en primer plano político del municipio tiene como consecuencia la disminución del peso de otros conceptos políticos, de los que se han derivado conformaciones territoriales que hoy vemos problemáticas. En concreto, la preeminencia del municipio sobre conceptos como el de nación coloca la denominada cuestión nacional (y el nacionalismo) en un plano secundario. Son los miembros de la comunidad municipal los que, en ejercicio de su plena soberanía, tienen en sus manos la decisión de agruparse libremente de las maneras que consideren más adecuadas a sus intereses, necesidades o deseos, dotando a estas agrupaciones de las capacidades que consideren oportunas, y del significado cultural, histórico o meramente afectivo que estimen, al vínculo creado.

Se evita la tendencia de las naciones a la constitución de estructuras territoriales que se imponen a los territorios y sus habitantes, sobre la base del carácter nacional de tales estructuras y con la pretensión de unificar la población y el territorio a partir de un modelo ideal, y en buena medida imaginario.

 

Transformación económica y municipalismo

Como en el caso de los ámbitos político y territorial, también el municipalismo es una alternativa, no sólo posible, sino la única realmente eficaz en el escenario económico en el que nos encontramos.

Para el municipalismo, el municipio es, también, la unidad básica y primaria de la actividad económica, que actúa, como comunidad de personas, a través de los bienes puestos en común para tal actividad.

Hablamos de bienes comunes y no de bienes públicos. El bien público se diferencia del privado sólo por quien ostenta la titularidad del mismo, que en el primer caso es un ente público, en el que teóricamente han de sentirse representados todos los habitantes del territorio en el que actúa, y que será quien ejerza las facultades de propietario. En el bien común la titularidad corresponde a la comunidad en su conjunto, de forma que el uso y disfrute individual del bien están vinculados a la mera pertenencia a dicha comunidad, pero el derecho de propiedad y las demás facultades que de él se derivan pertenecen a la comunidad como totalidad.

La incorporación de la comunidad municipal, como agente primario, a la actividad económica tiene consecuencias importantes. Como tal agente el municipio deja de funcionar como centro de recepción de inversiones, para cuya captación ha de competir con otros municipios; competencia siempre basada en el ofrecimiento de condiciones privilegiadas al inversor, que suponen para el municipio el recorte de las posibilidades de satisfacer de manera autónoma y directa todas sus necesidades.

En un sistema económico municipalista, la comunidad, a través de sus órganos y procedimientos, decide la asignación más eficiente de sus recursos comunes, con vistas no tanto a la obtención de un posible beneficio, sino, sobre todo, al mantenimiento continuado de sus necesidades de manera adecuada.

Pero no se busca la autarquía. El municipio también se relaciona económicamente con otros municipios para el beneficio mutuo, y crea agentes económicos de ámbito de actuación más extenso cuando es necesario o conveniente, pero siempre desde la irrenunciable posición de agente activo, que no delega sus decisiones en instancias lejanas y separadas de su realidad, sino que participa directamente en la toma de decisiones como comunidad autoorganizada.

municipalismo, activistas reivindicando el cumplimiento de la Carta Social Europea

Municipalismo y crisis ecológica

Ecología contiene el prefijo eco-, derivado del griego oikos, que suele traducirse como casa, aunque su sentido originario fue otro. Aristóteles define el oikos como “una comunidad constituida naturalmente para la satisfacción de las necesidades cotidianas”.

El oikos es hoy el municipio y no hay instancia más adecuada para el desarrollo de políticas ecológicas, entendidas no como políticas sobre la Naturaleza, sino desde la conciencia de pertenencia a un ecosistema, de cuya salud, variedad, riqueza e incluso supervivencia, dependen las nuestras. A medida que las estructuras se alejan de ella, tienden a sentirse ajenas y a colocarse en un posición de dominación o confrontación, que sólo resulta en perjuicio de quienes cotidianamente viven en ella.

 

El municipalismo como propuesta abierta, con pasado y futuro.

Otras condiciones que establecimos para que una alternativa sea posible también se presentan en el municipalismo.

El municipalismo, que quiere para la comunidad municipal la facultad de autoorganizarse y actuar libremente en los ámbitos políticos, territoriales o económicos, no establece modelos predefinidos en ninguno de estos ámbitos, sino que deja en manos de las personas que forman la comunidad, la determinación de esas formas de organización y de actuación, de acuerdo con sus intereses, necesidades y deseos.

Por otra parte, la tradición municipalista española no sólo es larga y rica en experiencias de mayor o menor éxito, sino que es la más propia, común y constante de nuestras tradiciones, atravesando nuestra historia, a veces de manera subterránea y otras aflorando con fuerza, de forma que es imposible comprendernos sin tenerla en cuenta.

Al mismo tiempo, las tendencias de futuro que se vislumbran en los espacios políticos, económicos y sociales, apuntan a un proceso de regreso a unidades de decisión e intervención más próximas de lo que es el Estado-nación. La globalización no ha resultado un proceso de fusión de Estados-nación, sino más bien de disolución de estos en una esfera global, en la que interactúan sujetos libres de menor dimensión pero con potencia plena, que se asocian y separan según la coyuntura y sus determinaciones.

 

El municipalismo es una alternativa posible

Con todo lo anterior, tratamos de exponer con claridad que el municipalismo, tal y como se ha descrito, no es sólo una alternativa posible para salir de la conjunción de crisis en la que vivimos, sino que, de hecho, es la única alternativa posible, frente a la que sólo se adivina la más absoluta barbarie.©

Madrid por el Municipalismo