Estamos eludiendo las preguntas fundamentales en nuestra experiencia de acceso tímido al poder municipal, y estamos fingiendo que un reglamento de participación y transparencia, el acceso de la población a los plenos, la agitación de la gente en el conflicto y las consultas valientes sobre temas realmente difíciles, son temas menores. Si no se aclara quién y dónde se dicta el voto a los concejales elegidos, si no se aclara dónde se deciden las prioridades y se redactan las mociones y, en el caso de estar gobernando, la implementación del programa de gobierno, nos estaremos haciendo trampas al solitario. Nos ha podido el miedo, pero hay que reflexionar sobre lo que se ha definido como candidaturas de unidad popular o espacios municipalistas de confluencia, cuando PODEMOS decidió que le asustaba dar autonomía a unos círculos que estaban creciendo de modo exponencial, y que no controlaba. Lo que pasó en barrios, ciudades y pueblos en ese momento, y lo que ha pasado después con los “ayuntamientos del cambio” y otros nuevos equilibrios de poder municipal, sí merece ser tomado en cuenta aunque, de momento, se parezca mucho a la historia de un fracaso. Si de la base solo salen propuestas y sugerencias y de un reducido equipo coordinador salen las decisiones importantes, estaremos ante una pinturita pensada para vender democracia con muy buena imagen y muy mala calidad. Si las Asambleas son básicamente informativas, no hay otra cosa que esquemas vacíos. ¿Qué derecho tiene nadie a manejar una información distinta al resto de los vecinos?.©

Teoría y práctica de un intento desigual

No creo necesario explicar que lo que se reclamó como expresión política del 15M, y me refiero exactamente a PODEMOS, solo fue un relato que sedujo, desde una experiencia política inexistente, a cinco millones de votantes esperanzados ¿Cómo se puede reclamar como heredero de un movimiento horizontal, sin banderas, sin líderes y capaz de cuestionar al “sistema”, a una estructura piramidal, sin autonomía alguna de la base, coordinada por un consejo de sabios en torno a un caudillo autoritario e inflexible?

No voy a perderme hablando de las diferencias en sus elementos tangibles e intangibles entre el 15M y lo que se reclamó como su expresión política, aunque ganas no me faltan. Sí merece la pena, sin embargo, tomarse más en serio lo que se ha definido como candidaturas de unidad popular o espacios municipalistas de confluencia, y que se crearon por procedimientos diversos para presentarse a las últimas elecciones municipales, cuando PODEMOS decidió que le asustaba dar autonomía a unos círculos que estaban creciendo de modo exponencial, y que no controlaba. Lo que pasó en barrios, ciudades y pueblos en ese momento, y lo que ha pasado después con los “ayuntamientos del cambio” y otros nuevos equilibrios de poder municipal, sí merece ser tomado en cuenta aunque, de momento, se parezca mucho a la historia de un fracaso.

Municipalismo, autogobierno y participación 02

Hablar de movimiento con la mirada puesta en el calendario electoral

Ya sé que desde los teóricos del municipalismo se intenta permanentemente separar partido y movimiento, y que se pone énfasis en todo lo que se mueve fuera de la institución, pero se adivina una mirada atenta al calendario electoral y los plazos y formas de presentación de candidaturas. También he agradecido, en su momento, la aparición de aportes como el de “La apuesta municipalista” que, a modo de librito muy manejable, nos sirvió para explicar que esto del municipalismo no es una invención reciente.

Todo está muy bien, pero la “ventana de oportunidad” que se abrió recientemente nos acercaba, más que nunca, a la posibilidad de que las gentes se organizaran en la base para comenzar a construir una nueva red de relaciones que pudiera reemplazar, en su momento, a un sistema en proceso evidente de desintegración, desestructuración y crisis.

De muy poco sirven los diseños teóricos en los que se afinan procedimientos, organigramas, estructuras, flujos de circulación de información y toma de decisiones, si los ámbitos y espacios que se diseñan están vacíos de contenidos y gentes. En realidad y de origen, nos ha gustado imaginar a enormes cantidades de gentes activas, pero siempre siguiendo un guión muy ortodoxo e inflexible. Una vez más, nos confundimos entre continente y contenido; imaginamos que la imagen de una botella de vino con aspecto de haber salido de una bodega antigua en la que ha envejecido con nobleza, nos garantiza la calidad de su contenido.

Así hemos hablado de significantes y significados y de significante vacío, sin darnos cuenta de que un significante no admite realmente cualquier significado, y que el paladar de las gentes no está entrenado para saber lo que realmente le gusta pero sí para “cazar” de inmediato lo que no le gusta. Si parece democracia, tiene apariencia de asamblea, presenta forma de grupo de trabajo participativo y en realidad las conclusiones ya estaban previstas antes de comenzar el debate, la gente lo detecta a saber con qué sensores.

Municipalismo, autogobierno y participación 03

Nos ha podido el miedo

Un organigrama en el que se pone en el centro una mesa de coordinación, en la que se toman las decisiones importantes por medio de un sistema de voto ponderado, rodeada de foros vecinales y sectoriales, equipos de trabajo específicos y, muy de vez en cuando, una asamblea general informativa, es solo un esquema vacío. Si de la base solo salen propuestas y sugerencias y de un reducido equipo coordinador salen las decisiones importantes, estaremos ante una pinturita pensada para vender democracia con muy buena imagen y muy mala calidad.

No tiene demasiada importancia la estructura y la forma organizativa y, además, no se puede diseñar antes de tener realmente algo que estructurar y organizar. Si desde pueblos y barrios, asambleas potentes y vigorosas debaten y deciden si quieren vivir o simplemente sobrevivir y en qué condiciones quieren hacerlo, el problema de encontrar una forma organizativa de circulación de información y de toma de decisiones es un problema menor. Si las gentes toman en sus manos su propio futuro, si se expresa el subterráneo reclamo del pueblo, si realmente termina por “llover a cántaros”, el trazado de canales y acequias para el riego será un trabajo con sentido.

Estamos eludiendo las preguntas fundamentales en nuestra experiencia de acceso tímido al poder municipal, y estamos fingiendo que un reglamento de participación y transparencia, el acceso de la población a los plenos, la agitación de la gente en el conflicto y las consultas valientes sobre temas realmente difíciles, son temas menores. Si no se aclara quién y dónde se dicta el voto a los concejales elegidos, si no se aclara dónde se deciden las prioridades y se redactan las mociones y, en el caso de estar gobernando, la implementación del programa de gobierno, nos estaremos haciendo trampas al solitario.

No podemos echar la culpa a nadie. Nos ha podido el miedo. En general, nos ha parecido que no se podía sacar el debate sobre el IBI o el presupuesto municipal a la calle, y por eso nos hemos inventado la consulta sobre una pequeña parte del presupuesto y lo hemos llamado presupuestos participativos. Nos hemos tragado las limitaciones legales y de la ley de protección de datos para no rebelar públicamente quién se lleva la pasta de las subvenciones y las contrataciones. En algunos lugares, se han escuchado cosas tales como que no podemos alentar una consulta sobre los toros, por ejemplo, hasta que no estemos seguros de ganarla.

Municipalismo, autogobierno y participación 09

Decimos que tomamos en cuenta a la gente y no es así

Tenemos que decidir si realmente queremos participación y transparencia y que los espacios públicos se pongan a disposición de la gente, o si lo que queremos realmente es que los ocupen los nuestros. Por mucho que nos guste a nosotros un centro social o un ateneo, si a la gente de un pueblo también le gustan sus bailes tradicionales y su procesión, no podemos imponerles nuestro modelo. Decimos que tomamos en cuenta a la gente y no es así; decimos que soltamos y no soltamos ni de coña; nos jode que el sistema ejerza control sobre la población y nosotros queremos controlar hasta el último detalle. Nos hemos quedado en el postureo, en adjetivar el municipalismo como feminista y ecologista, en emplear términos enormes como “contrapoder” y “autogobierno”, cuando una cosa y otra nos aterran realmente. Nos escandalizamos por el empleo de lenguaje sexista y nos morimos de risa cuando la gente de barrio se expresa como puede o como quiere, y no nos damos cuenta de lo ridículo que es, a veces, el modo que tenemos de utilizar entre nosotros los mismos términos y el mismo leguaje.

A mi, en su día, ya se me rompió algo cuando una persona a la que aprecio dijo en una Asamblea que una cosa es transparencia y otra es pornografía hablando de publicar el presupuesto detallado de unas fiestas entre el asentimiento de la mayoría… ¿Qué derecho tiene nadie a manejar una información distinta al resto de los vecinos? En otros momentos, me he divertido cuando algunos compañeros y compañeras recibían llamadas del gobierno municipal preguntando por el resultado de una Asamblea vecinal a la que habíamos llevado el presupuesto municipal después de obligar a su publicación detallada.

Aquí ha pasado de todo y no hablamos de ello. Se ha combinado lo sublime y lo mezquino. Hay quien dice que estamos al final de un ciclo y quien dice que, justo ahora, estaríamos en condiciones de hacer un intento realmente valiente y peligroso para el sistema. Los procesos sociales no se pueden controlar, hace falta mucha valentía, mucha generosidad y mucha humildad para soltar, para perder el control, para dejar a las gentes debatir, analizar, tomar decisiones y equivocarse y para confiar en los procesos, en los procesos de aprendizaje conjunto y decisiones compartidas. Jugar a otra cosa no merece la pena…

Municipalismo, autogobierno y participación 11