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¿Hay espacio para el arte en Torrejón?

¿Hay espacio para el arte en Torrejón?
ESPACIO URGEL, Madrid
N o entiendo de arte. No sé nada de estos temas. Son frases escuchadas a menudo por personas de toda clase de procedencia o formación cuando se enfrentan a un proyecto artístico o a una obra pictórica o escultórica. Aprecian su belleza pero no creen formar parte de su público.

¿Es el arte algo completamente ajeno a la inmensa mayoría de la sociedad? ¿O es, en cambio, un enlace entre personas, capaz de forjar un modelo social, ético y moral común?

Ha sido y es en las grandes ciudades, donde las corrientes artísticas han nacido y emergen con más fuerza. Sin embargo, en pequeñas o medianas localidades, de población más o menos reducida y no acostumbrada a grandes museos ni galerías influyentes, el arte se asoma desconocido y extraño para casi todos.

¿Hasta qué punto debe ser ajeno y expandirse en niveles más o menos elitistas para conservar su exclusividad o la pureza de sus mensajes? ¿Hasta qué punto tendemos a considerar que democratizar el arte es poner en riesgo su propia identidad?

Como siempre, la respuesta es subjetiva y no existe una corriente predominante que abogue por uno u otro sentido. La que sí está clara, en cualquier caso, es la función social del arte como garantía de desarrollo para una comunidad.

Poner el arte en manos de la sociedad es poner en práctica su propia definición tanto estética como económica. Crear espacios de encuentro entre gestores, público y creadores participa del desarrollo de un pueblo o ciudad, fomenta su avance económico, su industria y mejora su modelo productivo. Aporta valor cultural y crea empleo.

El arte de las grandes galerías o los grandes museos es herencia y patrimonio. Igual que el arte contemporáneo, una realidad emergente a menudo ninguneada o ignorada por la sociedad moderna, centrada en los movimientos clásicos.

Un ejemplo.

Para que algo se pueda enmarcar en un tiempo suelen pasar cien años. Si tomamos como punto de partida el año 1900, viajamos a un momento en que se produjeron dos hitos artísticos fundamentales: la exposición universal de París, y la proliferación del expresionismo abstracto neoyorquino.

En el primero, en el que se presentaron trabajos cinematográficos y fotográficos, pasando ambas disciplinas a ser parte de las Bellas Artes, dejó de entenderse el arte como un método de mera representación literal y se dio paso a mensajes subjetivos y aportaciones personales. Paralelamente, el expresionismo abstracto nació en Nueva York con autores como Mark Rothko o Jackson Pollock, cambiando la concepción de la belleza de forma radical, introduciendo la geometría, el color y un marcado carácter minimalista que añade elementos sensoriales y conceptuales determinantes que perduran hasta hoy.

En nuestro tiempo, todos tenemos capacidad para apreciar la obra y trayectoria de autores como El Bosco, Velázquez o Rubens. Sin embargo ¿nos hemos parado a pensar qué supusieron en su época y que significó en tiempo real su trabajo?

Y es que en la segunda mitad del siglo XVI, El Greco perseguía convertirse en pintor de la Corte, hecho que jamás llego a ocurrir debido a sus particulares representaciones de figuras religiosas de escalas desproporcionadas y el uso de colores surrealistas.

Sus composiciones oníricas daban muestra de una gran riqueza interior, completamente incomprendidas por los nobles e intelectuales de la época.

Cuatrocientos años después, en 2016 nadie cuestiona a este autor ni su carácter alternativo.

Sin embargo, la realidad es que lo fue.

Por ello, hoy no podemos permitirnos cuestionar la belleza de lo que se está construyendo a nuestro alrededor. El arte moderno, de hoy y del ahora. Las propuestas de cientos de jóvenes que generan debates y pensamiento crítico en nuestro tiempo. Allá donde esté sucediendo, en grandes museos o pequeños localidades, en galerías internacionales o pequeños núcleos domésticos.

Reconocer el arte y su función de espejo social.

¿O vamos a decidir esperar cuatrocientos años más?


Poner el arte en manos de la sociedad es poner en práctica su propia definición tanto estética como económica. Crear espacios de encuentro entre gestores, público y creadores participa del desarrollo de un pueblo o ciudad, fomenta su avance económico, su industria y mejora su modelo productivo. Aporta valor cultural y crea empleo.


 

Sobre el autor

Javier Benito

Inquieto y multitarea, es Licenciado en Derecho y un apasionado de la comunicación que trabaja como Ejecutivo de Cuentas de Televisión. A pesar de eso, afirma que trabaja para financiar sus proyectos porque su proyecto no es trabajar. Gestiona un pequeño espacio de arte y eventos culturales en Torrejón. Le gusta hablar a todas horas y escribir de vez en cuando. No sabe quién será dentro de 20 años

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