“No sabía que había llegado
hasta que los talones comenzaron a dolerme en la cabeza.

Fue un dolor sutil ,
provocado por una gravedad más ligera que los pensamientos
involuntarios que se generan cuando miro hacia  abajo,
para valorar si el grosor del suelo
hace juego con las uñas de mis pies.

¿Has calibrado el peso un pensamiento? ¿Cuál es la densidad de una
palabra?… Pregunté a las flores que salían a mi paso.

Esperaba quedarme unas semanas más dentro de mí,
pero mientras valoraba los silencios de tus ojos
me asaltaron los decires humeantes y tuve que volver conmigo.

El viento, nos ha silbado las verdades relativas, las mías y las tuyas,
dejándolas estampadas en aquellas paredes desconchadas
donde aprendí a esperar su caída sentada del otro  lado de la mesa.

Hoy, ese mismo viento,
me ha soplado la angustia acumulada en varias vueltas al sol,
y así deambulo, contando  sonidos
y sintiendo que la gravedad es democrática
aunque a veces no sea justa”