Quizá el agua acabe por limpiar todas las esperas que perdimos un día.

Esas esperas que no llegaron

y que acumuladas en silencios

sopesan mis huidas.

 

Sí, a  veces siento que huyo en un tren sin retraso,

cuya  salida queda detrás de cuarenta escalones y medio

subidos a media luz.

 

A veces sólo escucho mi silencio,

un silencio sin paredes ni complejos,

y susurro despacio,

sabedora de los caminos impuestos

y de los lados  acomodados.

 

El compromiso me asaltó hace tiempo

un día  de caos y sombrero,

justo a las diez y diez cuando las alarmas suenan

y te recuerdan que hay que volver a casa.

 

No sé si tengo todas las piezas para jugar a este juego descompuesto e inhumano,

que cercena sombras

y las coloca lejos como si no existieran

ni en los huecos de tus abrazos.

 

Esos huecos que afinan la puntería de tu ausencia

que ahogan mis  identidades en un mar estrecho de  sueños,

que algunos  son los míos,

y que comienzan a apretarme las suelas del zapato.

 

Pocas veces pienso en ti, pero son muchas todavía,

Y retraso el calendario para borrar la impunidad de mi pensamiento.

Y las secuencias y sucesos que comienzan los acumulo en frascos pequeños.

Mis carambolas me salvan, me ayudan a descansar mis pies

Y me obligan, otra vez, a poner mi boca en la manzana.©

ESTANTIO, un texto de Silvia Roman (Zuri)