ADIÓS, CAFETÍN, ADIÓS

Febrero ha comenzado más gris, si cabe. No solo por las temperaturas o las nubes propias de la época, sino porque Torrejón de Ardoz ha perdido uno de sus símbolos culturales de la última década: El cafetín El Desván, ubicado en la calle Virgen del Pilar, ha echado el cierre.

Una noche en el cafetín El Desván

La historia de El Desván se puede dividir en dos partes: La primera, comienza tras la apertura en 1982 por parte de Ángel Bollero de un bar que regentaron sus padres, reconvertido en este cafetín, un lugar de referencia cultural y literaria en el Corredor del Henares hasta 1985, año en el que, por motivos personales, abandonó este proyecto y se marchó de la localidad. 

El local fue regentado entonces por otras gentes, y visitado por otro tipo de público que poco o nada tenía que ver con el de antaño; con el paso de los años, adquirió muy mala fama, hasta el punto de ser precintado finalmente por la policía.

Tras un paréntesis de algo más de un cuarto de siglo, y a pesar de la  precaria situación en la que se encontraba el local en ese momento,  comienza la segunda parte de la historia: Ángel decidió volver a sus raíces, y, tras un importante lavado de cara tanto en su interior como en su exterior, reabrió las puertas de El Desván, para dar de nuevo cabida a la cultura entre sus cuatro paredes. Y así fue hasta el pasado 31 de enero, cuando dijo de nuevo adiós a ese sueño de juventud. 

Atrás quedan exposiciones pictóricas y de pintura, presentaciones de libros, espectáculos musicales, proyecciones de cortos, homenajes a otros artistas, guiñoles, clubs de conversación, conferencias, monólogos teatrales, semanas culturales, fiestas de carnavales, el club de lectura o la reunión mensual de la Tertulia Poética Desván, que tomó el nombre precisamente de este local, siendo la sede oficial de la misma hasta este triste cierre.

La Tertulia Poética Desván en el Cafetín en 2017

Su decoración evocaba a otros tiempos: Una vieja máquina de escribir, una antigua radio, cientos de libros, un pinocho de madera, juguetes de hojalata… En las paredes, publicidad vintage, cuadros paisajísticos, fotografías en blanco y negro, cientos de poemas a modo de papel decorativo, billetes antiguos… Y, al fondo del local, en un rincón, un pequeño escenario, en donde descansaba un atril; ese atril donde los poetas posaban sus versos, los cantautores y músicos sus pentagramas, los autores sus libros, los conferenciantes sus puntos a tratar… En definitiva, donde la cultura expandía sus diversas voces para llenar el recinto de ese goce y disfrute artístico que emanaba y difundía.

El autor de este artículo, recitando en El Desván el pasado mes de noviembre 2018

Sus visitantes, sin duda, echaremos mucho de menos este local, por todo lo que ha supuesto, cultural y socialmente, y por esa camaradería y buen hacer de Ángel. Gracias por haber compartido tu sueño con nosotros durante estos años.© 

El Desván a rebosar en 2016, con Ángel Bollero, su propietario, en la barra
Adiós, cafetín, adiós.

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