Dejar a un lado dogmas y conceptos arraigados del pasado cuesta bastante

El error forma parte de nuestra naturaleza. Nos acompaña durante toda la vida y es una posibilidad con la que debemos convivir, pero, ¿de qué manera nos afecta?

Suele causar miedo o angustia, ya que se percibe como un obstáculo. Estos años he observado que muchos niños y adolescentes sienten temor y vergüenza ante éstos, lo que desemboca en sentimientos de incomprensión y falta de motivación. No viven en una realidad exenta de complicaciones y acaban cargando con culpas, preocupaciones y etiquetas. Personalmente creo que muchos de estos problemas se solucionarían si cambiásemos el enfoque.

El esquema educativo tradicional siempre ha penalizado la equivocación, contemplando el error como negativo o indeseable. El objetivo principal era evitar al máximo su comisión. Sin embargo, en contraposición, otra corriente lo experimentaba como un fenómeno inherente al ser humano e indispensable.

Actualmente prevalece una didáctica más integral porque sabemos que es necesario tomar el error como parte de un proceso, una oportunidad para aprender. Se concibe como un estado natural en el transcurso de asimilación de un conocimiento y esencial para la resolución del problema. A pesar de ello, aún no nos hemos liberado completamente de la creencia de que la equivocación es perjudicial. Dejar a un lado dogmas y conceptos arraigados del pasado cuesta bastante. Creo que la clave está en entender que el error nos transmite información muy valiosa para poder mejorar el aprendizaje, además, nos permite relacionar y fortalecer información nueva. Soy de los profesionales que defienden una educación en la que no sólo se utilice como método para adquirir conocimiento, sino también para enseñarlo.

Me gusta pensar que el error es un gran maestro

Me gusta pensar que el error es un gran maestro. Existen numerosos descubrimientos científicos que surgieron a raíz de un accidente: la penicilina, los Rayos-X, el velcro, los edulcorantes, el marcapasos… En España hemos creado una cultura de excesiva autoexigencia y miedo a la equivocación. Esta forma de concebir el éxito desemboca en el establecimiento de metas poco realistas y exorbitantemente altas que conducen, en la mayoría de los casos, a frustración. Ahora podemos observar muchos niños inseguros en las aulas, demasiado críticos con ellos mismos y con gran preocupación por el qué dirán. Este perfeccionismo interfiere en su esfuerzo y desarrollo. En muchos países se mide el éxito por la cantidad de obstáculos superados, no tanto por los triunfos. Es mejor avanzar en base a la superación de conflictos y el esfuerzo. Afrontar retos nos ayuda a crecer y desarrollarnos personalmente. Existe una gran diferencia entre desear mejorar y obsesionarse con la perfección. Si el miedo nos bloquea se convierte en un gran freno. La angustia de cometer un error carece de sentido si ampliamos nuestra visión de este concepto y caemos en la cuenta de que es algo natural y fundamental. Salgamos del pensamiento polarizado, del acierto-fallo. Ampliemos nuestra perspectiva. Una buena estrategia educativa radica en la calidad de la enseñanza, no en la cantidad.

Los tiempos cambian y la educación también. El ámbito académico merece una actitud de transformación, espíritu de cambio. Sería interesante adaptarnos a la nueva situación y centrarnos en las necesidades de los alumnos. El método de enseñanza que se centra en el profesor dejando al alumno como un sujeto pasivo ha quedado oxidado. Los exámenes se están convirtiendo en una fuente de estrés para muchos. El estudio realmente debería ser una oportunidad para disfrutar, experimentar, descubrir. Los educadores deberíamos actuar como guía en su evolución académica.

El error nos permite impulsar la curiosidad y creatividad, dos pasos esenciales a mi parecer para construir el conocimiento

El aprendizaje es el proceso por el cual adquirimos un conocimiento y almacenamos esa información en nuestra memoria a largo plazo. Existen varias formas de aprender: a partir de la experiencia, de la práctica, del estudio… En todas ellas podemos observar que sin errar no existiría la posibilidad de aprender. Por ejemplo, todos hemos aprendido que si salimos a la calle cuando está lloviendo nos empaparemos. Hemos tenido que mojarnos para interiorizarlo. Si nos hemos caído, hemos aprendido a no pasar por el mismo lugar en que tropezamos.

Es muy importante enseñar a los alumnos a identificar sus propias dificultades, afrontarlas sin miedo o complejos, solicitar ayuda si lo necesitan y aprender a corregir sus errores. Apuesto por educar en resiliencia, es decir, la capacidad de adaptarse ante una situación difícil, e incluso, salir fortalecido de ella. Podemos promoverla guiando hacia el autoconocimiento (fortalezas y debilidades, emociones, pensamientos…), desarrollando la habilidad para comunicarse adecuadamente y transmitiendo confianza. El amor y el apoyo resultan fundamentales. La enseñanza desde el ejemplo es más fuerte que desde la norma o el miedo, porque la palabra se puede llegar a olvidar, pero la acción permanece.

El error nos permite impulsar la curiosidad y creatividad, dos pasos esenciales a mi parecer para construir el conocimiento. Desde aquí quiero hacer un llamamiento e invitar a premiar el intento, valorar el esfuerzo y utilizar el error como herramienta de aprendizaje. No sólo en el contexto educativo, sino en todas las áreas de nuestra vida. Todas nuestras experiencias, sean positivas o negativas, nos ayudan a crecer.

 


Web de la autora…  psicologiamadridpsi.es