H ace cuarenta años, muchos de nosotros éramos demasiado jóvenes para comprender lo que estaba pasando. Quienes ahora tengan menos de cincuenta vivieron aquellos momentos siendo muy niños o no habían nacido aún y, por ello, no es posible que recuerden aquellos años. Por eso creo necesario hacer una brevísima introducción histórica que nos ayude a comprender lo que se está celebrando estos días y por qué algunos creemos que fue un fraude, un engaño a una ciudadanía formada por una de las más nobles generaciones de españoles.

El 20 de noviembre de 1975 murió el que fuera Jefe del Estado español, desde 1939, Francisco Franco, tras ganar la Guerra Civil promovida contra el Gobierno legítimo de la II República. Franco fue un dictador cruel que sólo dos meses antes de su muerte, el 27 de septiembre de 1975, firmó las últimas penas de muerte para cinco presos políticos que, finalmente, desoyendo las peticiones de clemencia de numerosos países, Incluso del Papa de Roma, fueron fusilados.

Durante la Dictadura franquista, en España no se reconocían los Derechos Humanos, Civiles ni Políticos. Para celebrar una boda, una junta de vecinos o un simple cumpleaños había que solicitar un permiso a las autoridades porque no existía el Derecho de Reunión. Menos aún, los Derechos de Asociación, Manifestación o Huelga. La mujer era considerada inferior al hombre hasta el punto de que necesitaba el permiso de su marido (o de su padre, si era soltera) para acceder a un puesto de trabajo, abrir una cuenta bancaria o solicitar un préstamo. Los homosexuales eran perseguidos y encarcelados al ser considerados un “peligro social”. Todos los hombres estaban obligados a entregar dos años de su vida (a veces tres) a “servir a la Patria” (Servicio Militar Obligatorio). Había que ser católico a la fuerza, pues te exigían la “Fe de bautismo” para cualquier gestión. Sobra decir que los partidos políticos y sindicatos estaban prohibidos; existiendo un partido único, el Movimiento Nacional, en el que se aglutinaban la Falange y el Sindicato Vertical.

Esto es sólo un breve repaso de lo que fueron aquellos treinta y seis años de Dictadura que considero necesario tener en cuenta para comprender cómo engañaron al Pueblo los políticos de aquel fraude que llamaron “Transición a la Democracia” y que sólo fue el reciclaje o la reconversión del Régimen franquista.

El 22 de noviembre de 1975, sólo dos días después de la muerte del Dictador y estando el país, aún, de luto oficial, se produjo el primer y principal paso para perpetrar el engaño: la proclamación de Juan Carlos de Borbón y Borbón como Rey de España. De esta manera se cumplía, “a título póstumo”, otro mandato del Dictador; pues, desde 1947, Juan Carlos había sido designado por Franco como su sucesor en la Jefatura del Estado.

A partir de ese momento comenzó el proceso de modernización del Régimen bajo el nombre de “Transición a la Democracia” o simplemente “Transición”. Gracias, sobre todo, a las presiones de los países de nuestro entorno (Europa y EE.UU.) que exigían a España la transformación de la Dictadura en un sistema constitucional y la democratización de las instituciones se dieron los pasos necesarios para poner en marcha una Constitución que nos permitiera, fundamentalmente, formar parte de organismos internacionales como el Mercado Común Europeo

Tan sólo un año después de la muerte del Dictador, el 18 de noviembre de 1976 las Cortes franquistas aprobaron la denominada “Ley para la Reforma Política”, que fue votada en referéndum, al mes siguiente, el 15 de diciembre. En esta Ley preconstitucional es donde radica la trampa: con sólo cinco artículos, tres disposiciones transitorias y una disposición final, deja sentadas las bases de lo esencial; aspectos como la forma de gobierno o el sistema electoral que seguimos padeciendo cuarenta y dos años después.

Todo este repaso es imprescindible para poder entender por qué, el 6 de diciembre de 1978, nuestros padres y abuelos votaron lo que les pusieron delante con ilusión y cayendo de inocentemente en el engaño: porque venían de una férrea dictadura tras la cual, conseguir lo mínimo ya era mucho.

Y ahora dejo algunas reflexiones a tener en cuenta para valorar la validez de la Constitución franquista de 1978 y que cada cual saque sus propias conclusiones:

Los electores con derecho al voto en 1978 tienen ahora más de 61 años. 

El Sistema Electoral que se aplica en España desde la “Transición” es también preconstitucional y fue el diseñado por las Cortes franquistas para favorecer el bipartidismo y penalizar a las minorías.

Muchos de los que hoy en día se definen como constitucionalistas no votaron la Constitución.

El Sistema Autonómico es la respuesta que encontraron los constitucionalistas a las reivindicaciones de los independentistas que siempre hubo. La consecuencia es que tenemos administraciones duplicadas y triplicadas y que ese gasto lo pagamos todos. 

La proclamación de Juan Carlos de Borbón se produjo dos días después de la muerte del Dictador dando así cumplimiento a la designación que Franco hizo para sucederle como Jefe del Estado. Es, por tanto, preconstitucional y nadie lo ha votado. La Monarquía Parlamentaria, como forma de gobierno se impuso con anterioridad al proceso constituyente y nunca se ha consultado al Pueblo sobre este asunto crucial. Se introdujo en el texto constitucional como hecho consumado.

Adolfo Suárez, uno de los protagonistas de la “Transición”, aunque no el principal, reconoce en una entrevista que le hizo la periodista Victoria Prego (aunque tapando el micrófono, como prueba de que le tomaron el pelo al Pueblo) que no plantearon un referéndum sobre forma de gobierno porque manejaban encuestas que daban ganadora a la República frente a la Monarquía.

La Constitución de 1978, consecuencia directa de la “Transición Política” fue una gran farsa y, además, se ha quedado vieja.©