El 20 de Junio celebramos el Día Mundial de los Refugiados, desde Torrejón de Ardoz exigimos al Estado el traslado de refugiados y 11 medidas más, y lo hacemos con una veintena de municipios, sindicatos, ONGs y partidos políticos en la Comunidad e Madrid . No nos conformamos con el rechazo del PP a adherirse al espacio colaborativo REFUGIO POR DERECHO MADRID, en Torrejon podemos hacer más y mejor ante este drama humano. Cientos de miles de personas huyen de sus hogares y lo hacen por vías tan peligrosas como la del Mediterráneo Central, seguramente convertida en la fosa común más grande del planeta. Sentimiento fugaz no obstante el de responsabilidad de los países de Europa Occidental, que el 18 de Marzo de 2016 firmaron una declaración con Turquía de dudosa legalidad y de tremenda  inmoralidad, pues vulneró la Carta Internacional de Derechos Humanos, la Carta de Derechos Fundamentales de la UE, el Convenio Europeo de Derechos humanos y la Convención de Ginebra para los Refugiados. En Septiembre de 2015 España se comprometió mediante un acuerdo con el Consejo Europeo, a acoger entre 2016 y 2017 a 15.888 refugiados de los campamentos improvisados de Italia y Grecia y a 1.449 de países vecinos de Siria. Hoy, a tres meses de cumplir el plazo de dos años, España a acogido a 886 refugiados de los 17337 comprometidos, un infame 5% que vaticina un incumplimiento casi absoluto del compromiso asumido.

 

La fosa común más grande del planeta

En el año 2001 la Asamblea General de las Naciones Unidas decidió que desde ese momento el 20 de Junio sería el Día Mundial de los Refugiados. Puede que ese sea el único compromiso asumido por los estados miembros que se haya cumplido de manera escrupulosa.

Desde entonces la situación global y en particular los conflictos en oriente medio (Siria, Irak y Afganistán principalmente), tanto por las situaciones de crueldad y brutalidad extrema, como por la magnitud de personas desplazadas, han re-dimensionado el drama mundial de los refugiados. Cientos de miles de personas huyen de sus hogares y lo hacen por vías tan peligrosas como la del Mediterráneo Central, seguramente convertida en la fosa común más grande del planeta.

No fue hasta 2015, tras 4 años de una cruenta guerra civil Siria, cuando la imagen del pequeño Aylan de tan solo 3 años yaciendo inerte en una playa de Turquía, consiguió aflorar la vergüenza en los países desarrollados en general y en la Europa Occidental en particular, vergüenza seguramente avivada por la corresponsabilidad de estos gobiernos en el drama que se vivía a diario en aguas del mediterráneo.

A título póstumo, y sin ser consuelo ninguno, queda en el legado del pequeño Aylan el mérito de haber conseguido re-humanizar por un momento a aquellas instituciones y gobiernos que a través del capitalismo global imperante parecían haber desterrado cualquier acción que respondiera a sentimientos empáticos para con las personas de otros territorios sin tener interés económico en ello.

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Sentimiento fugaz

Sentimiento fugaz no obstante el de responsabilidad de los países de Europa Occidental, que el 18 de Marzo de 2016 firmaron una declaración con Turquía de dudosa legalidad y de tremenda  inmoralidad, pues vulneró la Carta Internacional de Derechos Humanos, la Carta de Derechos Fundamentales de la UE, el Convenio Europeo de Derechos humanos y la Convención de Ginebra para los Refugiados, así como diferentes directivas europeas en materia de asilo, y además puso en mayor riesgo a los refugiados, justificando su devolución a un país como Turquía que ha demostrado que ni garantiza los derechos humanos ni asegura las condiciones sociales y de protección a la que tienen derecho los refugiados.

El acuerdo utilizaba a las personas refugiadas como moneda de cambio respondiendo a intereses económicos y geoestratégicos, convirtiendo además a Turquía en un gendarme más que sumar a la creciente militarización de las fronteras europeas. Todo ello unido a las medidas adoptadas unilateralmente por los estados miembros que dificultan o impiden la entrada en su territorio de solicitantes de asilo. El resultado ha sido un nulo aporte hacia la solución y ha propiciado incidir en las vías de escape más peligrosas y costosas para las personas refugiadas como la anteriormente citada del Mediterráneo Central, donde siguen muriendo cientos de personas.

Decisiones que en la mayoría de casos chocan con los fundamentos que cimentaron los pilares que sustentan el espíritu bajo el que nació la Unión Europea y que han propiciado el naufragio de la Europa social, abandonando los principios que configuran Europa como un espacio común de libertad, seguridad y justicia, fundada sobre los valores de la dignidad humana y la solidaridad a los que se refiere el Preámbulo de la Carta de Derechos Fundamentales de la Unión Europea.

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España no cumple sus compromisos, es indignante

Igualmente fugaz fue el compromiso del gobierno español. En Septiembre de 2015 España se comprometió mediante un acuerdo con el Consejo Europeo, a acoger entre 2016 y 2017 a 15.888 refugiados de los campamentos improvisados de Italia y Grecia y a 1.449 de países vecinos de Siria. Hoy, a tres meses de cumplir el plazo de dos años, España a acogido a 886 refugiados de los 17337 comprometidos, un infame 5% que vaticina un incumplimiento casi absoluto del compromiso asumido.

Ante la inacción por parte de los gobiernos nacionales y los resultados de la estrategia europea, algunas ciudades mostraron su firme intención de aportar lo que sus posibilidades, competencias y autonomía les permitiera. Así lo hicieron grandes municipios como Madrid o Fuenlabrada, cuyo ayuntamiento firmó un convenio con CEAR (Comisión Española de Ayuda al Refugiado), comprometiéndose a acoger a 30 refugiados en 1 o 2 meses, con varias fases destinadas a la plena inclusión social.

En Torrejón de Ardoz hubo un arranque de solidaridad que como en la inmensa mayoría de instituciones pudo ser fruto del embriagamiento por el fenómeno mediático que supuso la foto del pequeño Aylan,  las fechas parecen respaldar la tesis, los hechos posteriores lo corroboran.

El 2 de Septiembre de 2015 el mundo se estremecía viendo como el mar escupía el cuerpo del pequeño, el día 30 de ese mismo mes en el Pleno Ordinario, se aprobó por mayoría una enmienda planteada por el gobierno local del Partido Popular, en la que se asumía el compromiso de una serie de medidas destinadas a la acogida de familias de refugiados. Y de hecho, se solicitó que la ciudad fuera incluida en la Red Solidaria de Municipios para Refugiados”.

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“Refugio por Derecho Madrid”, pasar de las declaraciones a la acción y exigir al Estado que traslade a los refugiados

En Junio de 2016, ante la frustración de ver que las medidas internacionales eran del todo insuficientes, y ante los datos de llegada de refugiados a nuestro país, que en ese momento era del 0,1% de lo comprometido, se solicitó al gobierno local del Partido Popular a través de una moción en el pleno ordinario, que por un lado, como estaban haciendo otras grandes ciudades, se asumieran compromisos propios dando sentido a la voluntad mostrada unos meses atrás y por otro, que la ciudad se posicionara en contra del acuerdo con Turquía. La respuesta en esta ocasión fue clara: NO, y se instaba a “incidir” en las medidas que se estaban llevando a cabo, dando con ello por buenos los resultados que arrojaban estas medidas.

Recientemente se ha creado un espacio colaborativo “REFUGIO POR DERECHO MADRID”, del que forman parte CEAR Madrid, Federación de Municipios de Madrid, PSOE-M, Podemos Madrid, IU Madrid, CCOO de Madrid o UGT-Madrid junto a diversas organizaciones más, del que ha surgido un manifiesto “El papel de los municipios en materia de refugio” en el que se articulan hasta 12 medidas para asumir compromisos propios por parte de los municipios en la acogida de refugiados con la colaboración de todas las entidades firmantes. El pasado mes de Mayo de 2017 en el pleno ordinario, se solicitó al gobierno local de Torrejón de Ardoz su adhesión al manifiesto, la propuesta fue rechazada con una enmienda a la totalidad en la que se insistía en incidir en las acciones que actualmente se están llevando a cabo.

Quizá haya pasado la fiebre solidaria que atravesó Europa en 2015, pero el drama sigue ahí, intacto, para tratar de entenderlo es necesario retrotraerse a situaciones previas que dimensionan la magnitud de la tragedia humanitaria que estamos viviendo. Para muchos que ahora mismo se están jugando la vida atravesando con sus familias territorios hostiles, o lanzándose a mar abierto en atestadas barcazas que tienen en el naufragio un destino habitual, la naturaleza de su situación es tan extrema que ni siquiera les alcanza para responder a la condición de refugiados, en estos momentos tan sólo aspiran a serlo, tan sólo eso, que para ellos es un todo.

Es duro asimilar la evolución asimética del derecho a la vida

El anhelo de un mundo en paz, más justo y solidario, del que algunos solo se acuerdan en navidad, en pocas ocasiones se evidencia tan necesario como cuando uno es consciente de lo que ambiciona el ser humano dependiendo del lugar donde formules la pregunta. Cualquier occidental medio aspirará a cotas muy distintas y seguro que más materialistas de lo que ambiciona un ser humano cuando guerras de las que no participa le hacen huir de su hogar, jugándose la vida y en muchas ocasiones la de sus hijos  con la única ambición de llegar a ser refugiados.

Y es triste pensar que en su desesperación seguramente idealizan conceptos del refugiado como el que recoge la ONU, en el que se reconocen unas condiciones de seguridad y unos derechos económicos y sociales que nada tienen que ver con la vida en los campos de refugiados que les espera.

Pero además cómo explicarles que muchos de los grandes países “refugiantes” a los que ansían llegar tienen intereses en resultados derivados de la guerra de la que huyen, y en parte son responsables de ellas.

Es duro asimilar la evolución cada vez más asimétrica del ser humano en el mundo, una brecha evolutiva de la que todos participamos de una u otra manera. Qué efectivo sería ese “Welcome refugees” (Bienvenidos refugiados), que muchos gobiernos han incorporando a su discurso si antes hubieran hecho una campaña de “Welcome moral, Welcome vergüenza” ©