Susana Fernández escribe sobre el dolor y el enfado que le produce el silencio de los hombres. SILENCIO cuando en los telediarios una mujer más ha aparecido muerta… SILENCIO cuando ríen con complicidad comentarios sobre el escote o el culo de la camarera. SILENCIO masculino frente al abuso sexual en las fiestas populares. SILENCIO masculino por la huelga de las trabajadoras explotadas de Berska. SILENCIO cómplice con quienes cuestionan la credibilidad de las mujeres que denuncian violencia de género. PALABRAS, muchas palabras, para criticar la corrupción política, las autopistas de peaje, los aeropuertos inservibles… “Cansadas y defraudas estamos muchas mujeres feministas con nuestros compañeros de viaje“, nos encontramos ante una estructura de legitimación perversa de la desigualdad, cada vez más sutil, más invisible, que torpedea los esfuerzos de liberación de las mujeres. Y “Cuántas palabras necesarias no dichas” donde más necesario es nombrarlas

Cansadas y defraudadas

Cansada… Alguien a quien quiero mucho acaba de cuestionar mi lucha de género. María Castrejón.

Así empezaba su post en Facebook el pasado día 2 de noviembre, la poeta que ha publicado los poemarios Niñas y La inutilidad de los miércoles.

Y no es la única, cansadas y defraudas estamos muchas mujeres feministas con nuestros compañeros de viaje.

Entendiendo que muchas mujeres defienden y reproducen ideas y conductas machistas si por desventura no conectaron con referentes alternativos a la desigualdad que pudieran incorporar a sus ideas y a su vida. El espejismo de la igualdad es muy efectivo y son muchas y difíciles de detectar las fuerzas patriarcales que nos impiden reconocer estructuras y mandatos sociales creados durante siglos para sostener un sistema injusto que perpetúa el desigual reparto de poder, trabajo y riqueza entre mujeres y hombres.

Ya lo decía Pierre Bourdieu, sociólogo francés que no siempre recordó citar a sus maestras feministas: existe una estructura de legitimación perversa de la desigualdad que es cada vez más sutil, pero no por ello menos efectiva. Una estructura que torpedea los esfuerzos de liberación de las mujeres porque “cuando las dominadas, aplican a lo que les domina unos análisis que no dejan de ser son producto de la dominación, de nuestro proceso de socialización, ese sometimiento se nos hace invisible.

Entender esto y mantener la calma, ante el rechazo de las demandas de cambio social e individual hacia la igualdad con frases del tipo “eso era antes, ahora somos iguales”, “mujer, cómo te pones por un piropo”, “qué suerte tienes con esta pareja tan comprometida” o “ten paciencia, que eso (8 mujeres de 44 en la Real Academia de la Lengua) cambiará con el tiempo” no siempre es fácil… Pero estas respuestas de muchas mujeres, son menos dolorosas que el silencio de nuestros compañeros de viaje.

SILENCIO… Cuando casi cada día los noticiarios, a veces de pasada, mencionan que una mujer más ha aparecido muerta… No salen palabras de su boca para gritar que ha sido asesinada por uno de los suyos…

SILENCIO… Cuando ríen con complicidad comentarios sobre el escote o el culo de la camarera (o sonríen para evitar quedar en evidencia).

SILENCIO…Cuando en los progres debates de la Sexta no hay ninguna experta o cuando hay una y se la pretende descalificar con comentarios sexistas. PALABRAS… Para redundar en los argumentos del debate de turno repetidos una y mil veces en estos días por tertulianos sabelotodo.

SILENCIO… Cuando en el grupo de colegas se tantea la posibilidad de participar en un proyecto de residencia cooperativa para cuando seamos mayor@s y alguno se hace el chistoso sugiriendo que esté cerca de un puticlub

SILENCIOS que duelen mucho, que resultan desoladores y hacen perder toda esperanza de un mundo mejor y más igualitario. SILENCIOS que nos sumergen en la soledad y el abandono al comprender que nuestros aliados no nos acompañan en algo que es esencial en nuestras vidas.

 

Espejismo de igualdad

Pareciera que guardasen todas sus PALABRAS para lo que está pasando en Cataluña, asunto para el que no faltan ideas, reflexiones, artículos que compartir y comentar y si hace falta manifestarse, pues también.

SILENCIO masculino frente al abuso sexual en las fiestas populares. PALABRAS para debatir sobre Trump o el Brexit.

SILENCIO masculino por la huelga de las trabajadoras explotadas de Berska. PALABRAS para la crisis preocupante de los partidos de izquierdas.

SILENCIO cómplice con quienes cuestionan la credibilidad de las mujeres que denuncian violencia de género. PALABRAS para criticar la corrupción política, las autopistas de peaje, los aeropuertos inservibles.

SILENCIO para la explotación neoliberal de las mujeres pobres obligadas a vender sus cuerpos para gestar criaturas para aquellos a quienes les sobra el dinero. PALABRAS y  más palabras para el futbol, las carreras y hasta el tenis…siempre que no jueguen mujeres porque, en ese caso, su talento deportivo queda en un segundo plano ya que da más morbo hacer comentarios sobre su cuerpo y su ropa o sus relaciones afectivas.

SILENCIO frente al desigual reparto de las tareas y responsabilidades familiares. PALABRAS muchas veces cínicas para justificarse a sí mismo: “hago muchas cosas, trabajo mucho, exageráis con vuestro afán por limpiar…” Y justificar a los demás: “es que no hemos sido educados en eso…” ¿Y en el uso de las nuevas tecnologías, si? Ahora pueden usar el Smartphone, el GPS y demás… e insisten en reclamar ayuda para seleccionar la ropa blanca y de color para poner la lavadora…

SILENCIO frente a la brecha salarial. PALABRAS y militancia sindical para seguir pidiendo paciencia a las compañeras que se indignan y reclaman un compromiso real de su sindicato con la igualdad dentro y fuera de la organización.

SILENCIO de nuestros compañeros feministas por el olvido de la paridad en sus propios actos políticos, sindicales o sociales. PALABRAS para empezar esos actos con un “compañeras y compañeros”. Cuánta hipocresía y cuanto duele recibir el mensaje de que “las cosas son así” o “pues si quieres cambios ponte a ello”.

Cuántas oportunidades perdidas por nuestros compañeros feministas que disfrutan de las bondades de serlo en los espacios con mujeres- donde perversamente acaban obteniendo inmerecidos halagos que engordan sus egos-, pero luego se quedan mudos en los espacios masculinos donde no debe ser tan gratificante romper con la camaradería machista.

Cuantas ocasiones malgastadas para poner en juego esos SILENCIOS cuando tratan de explicarnos lo que nosotras mismas acabamos de plantear (mansplaining), cuando toman la palabra para decirnos como debemos liberarnos o defendernos desde sus privilegios patriarcales, cuando pretenden cambios superficiales para salvar el tipo sin que nada cambie…

Cuántas PALABRAS vacías y cuántas oportunidades perdidas en las que nuestros compañeros feministas podían haber renunciado a sus privilegios patriarcales y reconocer que no saben nada de feminismo y que emocionalmente están lejos de experimentar la discriminación por cuestión de género.

Y cuántas PALABRAS NECESARIAS no dichas en los espacios masculinos donde casi todo el camino hacia la igualdad está sin recorrer por sus protagonistas.

Compañeros feministas que salís a la calle a gritar NUNCA MÁS a la guerra, NUNCA MÁS a la corrupción, NUNCA MÁS a la estafa inmobiliaria, NUNCA MÁS al fraude bancario, a los vertidos o a los incendios.

¿Cuándo unas PALABRAS para gritar en los espacios de hombres NUNCA MÁS A LA DESIGUALDAD Y A LA VIOLENCIA física, psicológica y simbólica necesaria para mantenerla?©