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Auge de los huertos urbanos y condiciones de posibilidad en Torrejon de Ardoz

Auge de los huertos urbanos y condiciones de posibilidad en Torrejon de Ardoz

Actualmente, se estima que la agricultura urbana produce el 30% de los alimentos que se consumen en las ciudades y que entre 700 y 800 millones de habitantes residentes en las ciudades del planeta participan en actividades relacionadas con la agricultura, en España aún estamos lejos de alcanzar los niveles de desarrollo que los huertos urbanos tienen en otros países de nuestro entorno, que llevan más de 100 años desarrollando políticas favorables a los mismos.

En Torrejón, al igual que en muchos otros municipios, también se han producido iniciativas para lograr la implantación de huertos urbanos. En 2013 la asociación Ecos tj presentó una propuesta al Ayuntamiento, gobernado por el PP, para la implantación de huertos urbanos para uso mayoritario de colectivos desfavorecidos, ¿Pero porqué el Ayuntamiento de nuestra ciudad ha despreciado hasta hoy todas las iniciativas propuestas por las asociaciones?

 

AGRICULTURA URBANA Y HUERTOS URBANOS:

INTRODUCCIÓN

La mayoría de los autores definen la agricultura urbana, de la que forman parte los huertos y granjas urbanas, en términos muy generales: “es la que se practica en pequeñas superficies (solares, huertos, márgenes, terrazas, recipientes) situadas dentro de los límites de la ciudad y dedicada al cultivo y/o cría de ganado menor o vacas lecheras para su autoconsumo o para la venta en los mercados locales” (FAO, 1999). Definición que hace referencia a la ubicación de los huertos, la actividad que se desarrolla en ellos y el destino de la producción, pero no contempla otros aspectos importantes con los que está estrechamente relacionado el fenómeno actual de la agricultura urbana como son: la pobreza urbana, la seguridad alimentaria, el protagonismo femenino, la mejora de la biodiversidad urbana, el contacto con la naturaleza, el aumento de los espacios verdes urbanos y su contribución a la reducción de la insostenibilidad de las ciudades.

Actualmente, se estima que la agricultura urbana produce el 30% de los alimentos que se consumen en las ciudades y que entre 700 y 800 millones de habitantes residentes en las ciudades del planeta participan en actividades relacionadas con la agricultura. En África, el 40% de la población urbana se dice que participa en alguna forma de actividad agrícola, cifra que sube al 50% en los países latinoamericanos (FAO 2010). Datos que reflejan la importancia de la misma, aunque su papel como proveedora de alimentos difiera significativamente cuando nos referimos a ciudades en países “ricos” o “pobres”.

En el conjunto del planeta, el crecimiento de las ciudades se acelera, alcanzando unos niveles a finales del siglo XX que iguala el porcentaje de la población rural y la urbana. Este crecimiento poblacional urbano y las duras consecuencias de los procesos de globalización económica iniciados, hacen que la pobreza y la indigencia urbanas también crezcan de forma significativa. En el año 2000 el 56% de los pobres vivían en zonas urbanas, lo cual nos da idea de la fuerte concentración de la pobreza en este ámbito. En los países del llamado primer mundo, aunque también existen ciudades con importantes bolsas de pobreza, los efectos no han sido tan dramáticos.

Esta clara desigualdad económica entre países se ve igualmente reflejada en la evolución de los huertos urbanos. Actualmente, en los países con mayor potencial económico, los huertos urbanos cumplen múltiples funciones: ambientales, de ocio, educativas, fomento de la participación y suministro de alimentos frescos y saludables. En los países más pobres, aunque también cumplen algunas de las funciones mencionadas, su principal objetivo sigue siendo contribuir a la seguridad alimentaria de la población.

Por todo ello, hablar de agricultura urbana y huertos urbanos en la actualidad, implica tener en cuenta las diferencias existentes entre los que se localizan en las ciudades menos favorecidas económicamente y los de las ciudades de mayor desarrollo económico.

AGRICULTURA Y CIUDAD

A pesar de que en algunos países, entre ellos el nuestro, se ha comenzado recientemente a hablar de agricultura urbana, la relación entre ciudad y agricultura es tan antigua como la existencia de las ciudades. Hace más de 10.000 años los seres humanos iniciaron un cambio sustancial en sus formas de vida: pasaron de ser cazadores y recolectores nómadas a ser agricultores y ganaderos asentados en pequeños núcleos que, con el paso del tiempo, se convertirían en ciudades.

Comienza así una estrecha y fructífera relación entre la agricultura y las ciudades. El aumento progresivo de la variedad de cultivos y de los rendimientos favoreció la aparición de excedentes agrarios posibilitando éstos que los asentamientos humanos crecieran, y que una parte de los habitantes de las ciudades pudieran dedicarse a actividades que, a su vez, favorecieron el desarrollo de tecnologías que contribuirían a mejorar los rendimientos agrícolas.

Desde la aparición de la agricultura en el neolítico hasta la época industrial, que comenzó hace poco más de 200 años con el empleo de energía fósil o mineral, las relaciones entre los seres humanos y la naturaleza estaban basadas en un metabolismo orgánico o agrario, que tenía como principales rasgos ser sociedades mayoritariamente agrarias, tener como principal fuente energética la procedente del Sol -captada mediante la fotosíntesis- y utilizar una combinación de trabajo humano y animal como principal fuerza de trabajo. Durante miles de años, agricultura y ciudad estuvieron estrechamente relacionadas, compartieron el mismo territorio y evolucionaron conjuntamente.

 

HUERTOS URBANOS en PlazaTorrejon 4

 

La agricultura urbana había sido una fuente de producción de alimentos frescos que permitía cubrir gran parte de las necesidades alimentarias de las ciudades. Ésta, además de suministrar alimentos, utilizaba los desechos de animales y personas como abono para las huertas y campos de cultivo, cerrando de esta forma el ciclo de nutrientes y devolviendo a la tierra lo que de ella había salido, contribuyendo de este modo a que las ciudades fueran más sostenibles.

Efectivamente, los espacios dedicados a los cultivos y la crianza de animales estaban presentes en las primeras ciudades de nuestra civilización, así como en los pueblos de la América anterior al “descubrimiento”. Los huertos y las granjas salpicaban el paisaje de la ciudad medieval y formaban cinturones agrarios en las inmediaciones de sus murallas. Conventos, abadías y otros recintos eclesiásticos tenían entre sus dependencias importantes espacios dedicados a la producción de alimentos.

Hasta el siglo XIX la agricultura urbana cumplió un destacado papel en el funcionamiento de las ciudades como suministradora de alimentos. Por ejemplo, a mediados del siglo XIX, en los huertos de las ciudades francesas se producía en torno a 50 Kg. de frutas, hortalizas y legumbres por habitante. (J.M. Naredo 1996).

A partir de la Revolución Industrial su importancia comenzó a declinar, sobre todo en los países donde los procesos de industrialización se implantaron de forma importante. Hasta ese momento, la agricultura urbana había sido una fuente de producción de alimentos frescos que permitía cubrir gran parte de las necesidades alimentarias de las ciudades. Ésta, además de suministrar alimentos, utilizaba los desechos de animales y personas como abono para las huertas y campos de cultivo, cerrando de esta forma el ciclo de nutrientes y devolviendo a la tierra lo que de ella había salido, haciendo que las ciudades fueran considerablemente sostenibles. La armonía entre planta-animal-persona se reproducía a lo largo del tiempo, facilitando el crecimiento de las ciudades.

Esta armonía comenzó a quebrarse en el siglo XIX, cuando la visión organista del mundo, que consideraba que la naturaleza es quien alimenta a la agricultura, fue sustituida por otra mecanicista que consideraba a la naturaleza como una máquina más. Esta nueva visión del mundo, que se había extendido por los diferentes campos del saber, trajo consigo nuevas concepciones de la ciudad y la agricultura, desembocando en una lenta pero progresiva desaparición de la agricultura urbana.

El desordenado desarrollo de las ciudades industrializadas y la aparición del transporte motorizado influyó poderosamente en la misma, principalmente a causa de las crecientes necesidades de suelo para industria, viviendas e infraestructuras, así como a la cada vez mayor distancia entre los campos de cultivo y la ciudad. Las necesidades de suelo eran cubiertas transformando en suelo urbanizable todos los espacios dedicados a actividades agrarias. Las fértiles tierras, que en su día vieron crecer hortalizas y frutas, eran cubiertas de hormigón y alquitrán y la desconexión entre ciudad y agricultura, que en la actualidad aún se mantiene, alcanzó elevadas cotas.

HUERTOS URBANOS en Madrid @PlazaTorrejon-33

AGRICULTURA URBANA Y SOSTENIBILIDAD

Si a mediados del siglo XX el 20% de la población habitaba en las ciudades del planeta, en la actualidad más del 50% vive en las mismas y las tendencias de crecimiento muestran que la humanidad se está transformando en una especie urbana. Este crecimiento desmesurado, unido a los actuales modos de vida urbana, ha convertido el suministro de alimentos en un componente significativo de la huella ecológica de las ciudades, y a las ciudades en principales responsables de la insostenibilidad actual del planeta.

Los principales síntomas de esta insostenibilidad se podrían enunciar esquemáticamente de la siguiente manera: consumo de recursos por encima de su tasa de reposición, producción de residuos por encima de la capacidad natural de reabsorción, procesos de exclusión económica y social asociados al acceso diferencial a los recursos y a un medio ambiente saludable (Libro Blanco de la Sostenibilidad en el Planeamiento Urbano. 2010). Aunque la agricultura urbana no puede por sí sola solucionar los problemas de insostenibilidad de las ciudades, sí puede contribuir de forma significativa a reducir la actual insostenibilidad ambiental, social y económica de las mismas.

La agricultura urbana, practicada conforme a los principios Agroecológicos y de la Agricultura Ecológica, reduce el consumo de recursos no renovables como los productos fósiles. Gerald Leach (1976) analiza las relaciones entre energía y producción de alimentos en distintos sistemas agrarios y señala que los rendimientos energéticos de los huertos familiares londinenses son muy superiores a los obtenidos en las explotaciones convencionales, debido ello al bajo consumo de productos derivados de los combustibles fósiles. La reducción de las crecientes necesidades de transporte de los alimentos hasta los consumidores también contribuye de forma significativa a la mayor sostenibilidad de la agricultura urbana. El suelo, un recurso esencial para la producción de alimentos, se protege y conserva cuando se cultiva de forma sostenible, manteniendo su fertilidad.

El agua, un recurso esencial para cualquier forma de vida, es utilizada en grandes cantidades por el actual sistema agro-industrial de producción de alimentos, lo que unido a la contaminación de grandes masas de agua producidas por los impactos de dicho sistema, convierte a la agricultura en una de las principales presiones sobre este recurso natural que, aunque renovable, su disponibilidad por habitante cada vez es más reducida. La agricultura urbana que, igual que la agro-industria, necesita agua en cantidad y calidad suficientes para sus actividades, tiene como factor limitante para su implantación la disponibilidad de agua. Por ello, la utilización de aguas depuradas, el aprovechamiento de agua de lluvia, la utilización de cultivos adaptados a las condiciones locales o el empleo de sistemas de riego eficientes son prácticas extendidas en la agricultura urbana.

La baja utilización de derivados fósiles en la agricultura urbana reduce las emisiones de GEI que generan los actuales sistemas agro-industriales y ésta también contribuye a reducir las emisiones netas de CO2 mediante la captura que realizan las plantas y los árboles. La generación de residuos orgánicos urbanos también se reduce mediante el compostaje de los residuos orgánicos domésticos y de los restos de las cosechas. Prácticas que son utilizadas de forma significativa en la agricultura urbana, tanto de países “ricos” como “pobres”.

La agricultura urbana también cumple múltiples funciones sociales relacionadas con el aumento de la cohesión social, la participación, el acceso de sectores de población en riesgo de exclusión a un suministro de alimentos frescos y a modificar positivamente la percepción que la población tiene sobre los alimentos mediante actividades de formación y experimentación.

Desde la perspectiva del medio ambiente urbano, la agricultura urbana mejora las condiciones climáticas de las ciudades, favorece el aumento de la biodiversidad, reduce los efectos del calentamiento global y contribuye a reducir la huella ecológica de las ciudades. La agricultura urbana también contribuye a la mejora del paisaje urbano, principalmente cuando ésta se práctica en espacios urbanos degradados.

HUERTOS URBANOS en Madrid @PlazaTorrejon-32

LA CREACIÓN DE HUERTOS URBANOS EN CIUDADES INDUSTRIALIZADAS

Como reacción al deterioro de las condiciones de vida en las ciudades y al consiguiente aumento de pobres e indigentes urbanos, surgen en algunos países iniciativas, de marcado carácter benéfico, para crear huertos y granjas urbanas que contribuyan a paliar las duras condiciones de vida de los grupos sociales más desfavorecidos. Se trata de iniciativas tanto públicas como privadas y, principalmente, procedentes de los ámbitos religiosos.

Entre los principales objetivos de estos huertos estarían la producción de alimentos para el autoabastecimiento de la población, conseguir un espacio para el ejercicio, el contacto con la naturaleza y, en definitiva, aliviar las duras condiciones de vida de las oleadas de campesinos que se incorporaban al proceso industrial. Se trata de huertos de pequeño tamaño, de 200 a 300 m que, agrupados en polígonos, se localizan principalmente en las proximidades de los lugares de residencia de sus usuarios.

La creación de huertos urbanos se inicia en la mayoría de los países europeos a mediados del siglo XIX, junto con el proceso de industrialización, ya comentado, y los primeros movimientos migratorios del campo a la ciudad. Su desarrollo se encuentra muy ligado a situaciones de deterioro económico y, en la actualidad, se extienden por la mayoría de los países europeos, principalmente los de la Unión Europea, exceptuando a Portugal, Grecia y España. Los hitos principales en el proceso de creación y expansión de los huertos urbanos en los distintos países europeos se pueden resumir de la siguiente manera:

 

  • En Francia, los primeros huertos urbanos se crearon a mediados del siglo XIX con claros fines asistenciales. Ayuntamientos, como el de Ardenas, o conferencias religiosas, como la de San Vicente Paul, reparten terrenos baldíos, semillas y herramientas para su laboreo entre los pobres e indigentes para facilitar la alimentación familiar. En 1897 se constituye la “Liga del puñado de tierra y del hogar” con la finalidad de aglutinar el movimiento a favor de los huertos obreros. En 1900, con motivo de la Exposición Universal, se celebran numerosos congresos y en algunos de ellos se tratan cuestiones relacionadas con los huertos urbanos para obreros. Esto supone un importante impulso para estas actuaciones, que se ve reflejado en los más de 7.000 huertos y 40.000 beneficiarios que gestiona la Liga del puñado de tierra y del hogar.
  • En Bélgica, la “Liga de la parcela de tierra y del hogar inembargable”, creada en 1897, es la principal impulsora de los huertos obreros y sus comités facilitan semillas, útiles de labranza y un folleto con instrucciones para el cultivo.
  • En Holanda se creó una ley en 1843 que autorizaba a los comunes que poseían tierras incultas a desbrozarlas, dividirlas en parcelas y darlas en arriendo, a precio reducido, a los obreros. En 1901 la dirección de ferrocarriles holandeses cedió una parte de sus terrenos a la Sociedad Derecho y Deber, compuesta por sus empleados, para trabajarlos en común y repartirse los beneficios.
  • En Alemania, la implantación de huertos urbanos se vio favorecida por la existencia de una antigua institución (ALLMEND) dedicada al disfrute de bienes comunales de tierra, prados o bosque. Aunque los primeros huertos que se ponen a disposición de grupos necesitados datan de 1820-30, el verdadero impulso a los huertos urbanos lo da el Dr. Moritz Schreber que, allá por el año 1.860, fue el promotor de un movimiento partidario del uso de los huertos como jardines para recreo y ejercicio de las familias alemanas. La importancia del Dr. Schreber fue tal que los huertos urbanos en Alemania también se denominaron Schrebergarten. En este caso, los huertos obreros, además de proporcionar alimentos para los grupos desfavorecidos, comenzaron a cumplir otras funciones como la contribución al desarrollo físico o facilitar el contacto con la naturaleza.
  • En Inglaterra existe, desde 1819, una ley que autoriza a poner en cultivo tierras parroquiales para cederlas a pobres e indigentes, pero es en la segunda parte del siglo XIX cuando los huertos urbanos (Allotmens) se extienden por distintas ciudades hasta alcanzar en 1892 los 500.000.
  • En España, los huertos urbanos para obreros y grupos desfavorecidos no se extienden como en otros países europeos, aunque conocimiento de ellos se tenía por medio de artículos en revistas, libros y conferencias. Un ejemplo de esta información es el libro “La Tierra y el Taller. Huertos Obreros”, escrito en 1904 por el vicepresidente de la Sociedad de Economía Social y de la Liga de la parcela de tierra y del hogar D. Louis Rivière. En el mismo se da a conocer la creación y evolución de los huertos obreros en el siglo XIX en distintos países, principalmente europeos. Según relata Joaquín Costa, la iniciativa más parecida a los huertos obreros es la emprendida en 1909 por la Sociedad Económica de Amigos del País de Jaca, que cedió unos terrenos junto al río Aragón para su cultivo en parcelas. Para optar a una de estas parcelas se requerían dos condiciones: ser del lugar y pertenecer a la clase más necesitada, que se la identificaba por no pagar contribución por ningún concepto. El buen resultado de estas actuaciones se refleja en dos frases que se hicieron conocidas en la zona: “en Jaca no se conoce la mendicidad” y “las huertas son el pan del pobre”. Al margen de esta iniciativa y de las propuestas sobre la “casa y la huerta” del citado Joaquín Costa, las actuaciones de huertos urbanos promovidos por distintos organismos brillaron por su ausencia en nuestros territorios.

 

HUERTOS-URBAHUERTOS URBANOS en Madrid @PlazaTorrejon-36

Aunque cada uno de estos países había dotado a sus huertos de características propias de sus territorios, sus condiciones climáticas y sus habitantes, es posible encontrar una serie de rasgos, más o menos comunes, que caracterizan el desarrollo de los huertos urbanos en el siglo XIX:

  • Los huertos se crean por iniciativas tanto privadas como públicas y con marcado objetivo asistencial
  • Sus beneficiarios suelen ser familias pobres, indigentes y obreros de bajos salarios
  • Aunque mayoritariamente se cultivaban en parcelas familiares o individuales, también se daba el cultivo colectivo o en grupo
  • Los huertos solían estar situados en las proximidades de las viviendas de los beneficiarios
  • Las agrupaciones de huertos solían disponer de un reglamento u ordenanza que regulaba el funcionamiento en los mismos.

HUERTOS URBANOS EN EL SIGLO XX

En las primeras décadas del siglo XX los huertos siguieron expandiéndose por las ciudades europeas, alcanzando una importancia estratégica en las dos guerras mundiales como proveedores de alimentos, lo que confirma la estrecha relación entre los huertos urbanos y las situaciones de crisis bélicas o económicas. Después de la segunda guerra mundial se inicia una época de estancamiento, cuando no de retroceso, derivado del fuerte impulso urbanizador de las ciudades europeas.

La importancia de los huertos urbanos para la seguridad alimentaria fue tan significativa que, en 1919, un año después del final de la primera guerra mundial, se aprobó en Alemania la primera legislación sobre huertos urbanos. La llamada “Ley de Pequeños Huertos y Pequeños Lotes Arrendados” que ofreció seguridad en la tenencia de la tierra y tarifas de arriendo fijas.

Es en los años 70, después de la crisis del petróleo del 73, cuando surge de nuevo interés por los huertos urbanos. Las razones o motivos de este interés quizá puedan relacionarse con el incremento del desempleo que se produce en esos años y también con la pérdida de calidad ambiental que se estaba produciendo en las ciudades cada vez más pobladas. Los huertos urbanos ya no tenían una finalidad exclusivamente asistencial, sino que también pretendían satisfacer demandas relacionadas con el ocio, el contacto con la naturaleza, la jardinería, o bien el consumo de productos frescos y saludables.

En Francia, en los años 80, existían 90 asociaciones de usuarios de huertos con un total de 1.500.000 miembros y una edad media de 38 años. Existen tres tipos de huertos en función de su localización; los situados en zonas urbanas, con un rico potencial de actividades, que también ayudan a resolver problemas de creación de espacios verdes y de mantenimiento de los mismos; los situados en zonas periféricas urbanas, que pueden servir como respuesta a los problemas de gestión de espacios verdes y de protección de zonas agrícolas periféricas y, por último, los localizados en el medio rural, huertos familiares con uso principal en fines de semana y períodos de vacaciones y que permiten la recuperación de zonas rurales deprimidas.

En Alemania, la política de huertos urbanos tiene un carácter regional, existiendo en el conjunto de la Alemania unificada cerca de 1.250.000 huertos familiares, con una superficie máxima de parcela de 400 m2. Éstos se encuentran regulados mediante una ley federal (BKleinG) de carácter general y distintas normativas creadas por las regiones o lander. Los huertos familiares son considerados de utilidad pública y su renta de arrendamiento se fija en función de la superficie de los mismos y de las instalaciones de uso común.

En Holanda existe una gran actividad en torno a los huertos urbanos o de ocio. En 1.985 la superficie dedicada a tal fin era de 4.400 hectáreas con cerca de 200.000 huertos asignados, lo que significa que más de 500.000 personas disfrutan de esta forma de horticultura. Hay dos organismos que controlan y fomentan el desarrollo de las políticas de huertos familiares, la Sociedad Holandesa para Arquitectura de Jardines y Paisaje y la Federación Nacional de Organizaciones de Huertos. Existen cuatro tipos de huertos: los complejos de huertos familiares tradicionales, con una superficie media de 200 m2, los huertos para aficionados, de pequeña superficie (30 m2), los huertos para escolares y los huertos para la tercera edad.

 

 

HUERTOS-URBANOS-en-PlazaTorrejon-5_11

 

 

Pese a las peculiaridades que tienen los huertos de cada país, incluso de cada región, hay una serie de características comunes para el conjunto de los huertos urbanos o de ocio en los países europeos que, de manera resumida, serían las siguientes:

 

  • En la mayoría de los países existen diversas asociaciones y federaciones de huertos urbanos que juegan un papel muy importante en el desarrollo, creación y mantenimiento de los complejos de huertos y en favorecer los procesos de participación de los usuarios.
  • Los huertos urbanos cumplen múltiples funciones relacionadas con el ocio y el contacto con la naturaleza, la obtención de alimentos frescos y sanos, la mejora de la cohesión social, la formación y concienciación ambiental y la mejora de la sostenibilidad de las ciudades.
  • Gran parte de los complejos o zonas de huertos están dotados de unas infraestructuras mínimas, como por ejemplo electricidad, equipamiento sanitario, agua potable, alcantarillado, aparcamientos, senderos y local para las actividades participativas de la comunidad.
  • La propiedad del suelo, donde se instalan los complejos de huertos, suele ser de los organismos públicos municipales o regionales y éstos los arriendan a las asociaciones y/o federaciones de hortelanos.
  • La creación, funcionamiento y gestión de los huertos urbanos está regulada mediante leyes y normas de carácter local, regional y estatal.
  • Los huertos urbanos contribuyen a incrementar los espacios verdes de las ciudades y a la recuperación de espacios urbanos degradados.
  • En la gran mayoría de las actuaciones o complejos de huertos, las normas de funcionamiento obligan a la práctica de la agricultura ecológica y en muchos casos el destino de la producción es el autoconsumo.

LOS HUERTOS URBANOS EN EL TERRITORIO ESPAÑOL

No existen estudios o informes que analicen las causas por las que no se produce en el Estado español el mismo fenómeno de creación de políticas de huertos familiares tal y como ocurrió en el resto de países europeos a finales del siglo XIX y principios del XX. A pesar de todo, no resulta difícil aventurar que una de las causas pudiera estar relacionada, por un lado, con la tardía incorporación española al proceso de industrialización (la población activa agraria fue mayoritaria hasta los años 50) y por otro, con el hecho de que cuando el citado proceso se produce y se inicia el movimiento migratorio campo-ciudad, años 60 y en plena dictadura franquista, no hay voluntad política de poner en marcha medidas sociales como la que nos ocupa.

La principal actuación para la creación de huertos familiares se produce en los años 40 por iniciativa del Instituto Nacional de Colonización (INC) (Nerea Moran 2009), aunque sus destinatarios finales no eran los habitantes de las ciudades sino la población rural, y su implantación fue muy poco significativa.

Es a partir de los años 80 cuando se comienza a hablar de huertos familiares, asociados a la realización de dos trabajos; uno, en el Área Metropolitana de Barcelona, en 1.981 y, otro, en la de Madrid, en 1.983. En sendos trabajos se recomienda la adopción de medidas que permitan la creación de huertos familiares, a la vista de la aparición de numerosos huertos ilegales o en precario en la periferia de las grandes ciudades españolas. Como consecuencia de estos trabajos y de diferentes artículos que aparecen en los medios de comunicación y, sobre todo, de iniciativas ciudadanas, se llevan a cabo en el territorio español cuatro actuaciones formales, o reguladas, que desde diferentes perspectivas tratan de dar respuesta a las demandas de huertos urbanos:

  • Huertas de recreo “Las Layas”. Esta actuación se localiza en Pamplona entre los barrios de San Jorge y Orcoyen, y se inició en 1.984 en unos terrenos con calificación urbanística de protección especial, promovida por la agrupación “Las Layas”.
  • Huertas de ocio de la Diputación Foral de Guipúzcoa. Construidas a principio de los años 90, en el barrio de Martutene, tenían como finalidad servir de terapia ocupacional a colectivos de jóvenes en procesos de reinserción social, a personas desempleadas y jubiladas.
  • Parque de Miraflores. Situado en el distrito de la Macarena, al Norte de la ciudad de Sevilla, una barriada con gran densidad de población obrera procedente de la emigración rural. Cuenta con un programa de huertos urbanos que comprende huertos escolares y huertos de ocio para uso y disfrute de la población adulta del distrito. Aspecto destacado de este proyecto es la promoción del mismo, que corre a cargo de una iniciativa popular que surge en los barrios en los primeros años de la década de los 80, y que se concreta en la creación del Comité pro Parque Educativo Miraflores.
  • Los Huertos de Ocio de la Finca Caserío de Henares. En Marzo de 1.988, después de 5 años de estudios y proyectos la Comunidad de Madrid inaugura la primera fase de la actuación denominada “Huertos de Ocio de la Finca Caserío de Henares”, situada en el término municipal de San Fernando de Henares en la margen derecha del río Henares. Esta primera fase está formada por 240 huertos de 250 metros cuadrados cada uno, dotados de una boca de riego y una caseta de aperos individual en cada parcela. Los huertos se agrupan en tres zonas de 80 huertos cada una, con espacios comunes dotados con fuentes de agua potable, pérgolas, zona ajardinada, y zona de juegos infantiles. También existe un Centro de Equipamientos para uso de los hortelanos y otros visitantes, que consta de Club Social, Bar, Aula para clases y conferencias, tienda para la venta de productos destinados a la agricultura biológica, almacén y servicios y duchas que suministran de agua caliente mediante paneles solares. En 1.992 se inauguró la segunda fase de Huertos de Ocio, consistente en 96 nuevos huertos de similares características a los ya existentes. Con esta nueva fase la superficie total que ocupa la actuación es de algo más de 10 Hectáreas.

A partir de los estudios realizados en las Áreas Metropolitanas de Madrid y Barcelona, algunos planes generales de ordenación urbana (PGOU) comienzan a incluir propuestas para la creación de huertos urbanos que, conforme a la tipología establecida en dicho estudio, se denominan huertos de ocio. El PGOU de Madrid de 1985 propone la creación de 7 zonas de huertos de ocio. Ninguna de ellas se llega a desarrollar, y el PGOU de 1997 reclasifica como urbanizable gran parte del territorio de Madrid. Es el comienzo del tsunami urbanizador, que ha asolado nuestro país en los últimos años, y cuya primera víctima fue este tímido intento de poner en marcha polígonos de huertos urbanos.

Sin embargo, en nuestro país, a pesar de la evidente falta de reconocimiento institucional, los huertos urbanos han seguido creciendo y desarrollándose a lo largo de los últimos años del siglo XX, aunque seguimos estando muy lejos de que estas iniciativas adquieran la importancia y el número que tienen en otros países de nuestro entorno. Han seguido creciendo igualmente las ocupaciones ilegales de suelo para crear zonas de huertos urbanos y periurbanos en precario, aunque también se han producido iniciativas institucionales, principalmente de carácter municipal, y de diversos colectivos para la implantación de actuaciones de huertos urbanos tanto individuales como colectivos. Iniciativas que crecen de forma espectacular en la primera década del presente siglo como consecuencia de la crisis económica financiera que asola nuestro país.

 

EL AUGE ACTUAL DE LOS HUERTOS URBANOS EN ESPAÑA Y SUS PRINCIPALES CARACTERÍSTICAS

La agricultura urbana en el territorio español es un fenómeno que ha crecido de forma espectacular en los últimos años, crecimiento que se ha producido por todas las Comunidades Autónomas y en todo tipo de ciudades y municipios.

En el año 2000 el número de zonas o actuaciones de huertos urbanos se limitaban a 9 zonas distribuidas por 6 municipios. El número de parcelas o huertos era de 1.066 y la superficie que estos ocupaban era algo menos de 15 hectáreas. En marzo de 2015, tal y como recoge el cuadro 1, las zonas de huertos se han multiplicado por 50, el número de huertos por 20 y la superficie por 15.

Cuadro 1: Zonas de huertos, parcelas y superficie 2000 y 2015

El mayor crecimiento del número de huertos, tal y como refleja el gráfico 1, se inicia a partir de 2007, aunque es a partir de 2012 cuando dicho crecimiento se intensifica de forma significativa. Las causas de este crecimiento son diversas y entre ellas destaca la crisis económica-financiera en la que se encuentra sumido el país, y que viene a corroborar el importante peso que las crisis económicas, bélicas o ambientales han tenido en el desarrollo de los huertos urbanos, el aumento de las preocupaciones ciudadanas por los impactos del actual sistema alimentario, y las presiones de los movimientos sociales a favor de iniciativas diversas de agricultura urbana.

 

Gráfico 1

HUERTOS-URBANOS-en-PlazaTorrejon-21

Gráfico 2

HUERTOS-URBANOS-en-PlazaTorrejon-22

Los resultados también ponen de manifiesto que el 89% de las actuaciones o zonas de huertos son de carácter público, es decir que se desarrollan en espacios públicos, y son gestionadas por organismos tales como los ayuntamientos, la gran mayoría, las CC.AA, o asociaciones vecinales y ONGs de carácter público mediante convenios de colaboración con la correspondiente administración.

 

Gráfico 3

HUERTOS-URBANOS-en-PlazaTorrejon-23

Representación gráfica de los huertos urbanos en los años 2000 y 2015

 

AÑO 2.000

HUERTOS-URBANOS-en-PlazaTorrejon-24

 

AÑO 2015

HUERTOS-URBANOS-en-PlazaTorrejon-25

 

Los datos por CC.AA reflejan que los territorios con mayor número de actuaciones de huertos urbanos y mayor número de parcelas o huertos son Andalucía y la Comunidad Valenciana, dos territorios con gran tradición agrícola. Cataluña y Madrid son los siguientes territorios con mayor número de zonas de huertos, aunque la significativa pérdida de peso en el número de parcelas en estos territorios está relacionada con el elevado número de huertos comunitarios que tienen ambos.

 

Cuadro 2: Zonas de huertos urbanos públicos por CC.AA

Comunidades Autónomas

Zonas de huertos

Porcentaje

%

Andalucía

93

20,5

Aragón

9

2,0

Asturias

9

2,0

Baleares

14

3,1

Canarias

21

4,6

Cantabria

10

2,2

Castilla-la macha

13

2,9

Castilla y león

24

5,3

Cataluña

66

14,5

Extremadura

5

1,1

Galicia

20

4,4

C. de Madrid

59

13,0

R. de Murcia

3

0,7

Navarra

5

1,1

País vasco

28

6,2

Rioja

3

0,7

C. Valenciana

72

15,9

Total

454

100,0

 

 

Gráfico 4

grafica-4-@PlazaTorrejon

 

Cuadro 3: Parcelas/huertos por CC.AA

Comunidades Autónomas

Parcelas

Porcentaje

%

Andalucía

4.124

20,6

Aragón

1.712

8,5

Asturias

558

2,8

Baleares

204

1,0

Canarias

572

2,9

Cantabria

344

1,7

Castilla-la macha

617

3,1

Castilla y león

1.834

9,1

Cataluña

1.953

9,7

Extremadura

248

1,2

Galicia

1.331

6,6

Madrid

1.300

6,5

Murcia

215

1,1

Navarra

247

1,2

País vasco

1.698

8,5

Rioja

235

1,2

Valenciana

2.861

14,3

Total

20.053

100,0

 

 

Cuadro 4: Superficie de zonas de huertos urbanos por CC.AA

Comunidades autónomas

Superficie total

M2

Porcentaje

%

Andalucía

493.485

22,5

Aragón

99.400

4,5

Asturias

41.815

1,9

Baleares

11.404

0,5

Canarias

49.866

2,3

Cantabria

19.960

0,9

Castilla-la macha

56.611

2,6

Castilla y león

242.112

11,1

Cataluña

219.718

10,0

Extremadura

80.560

3,7

Galicia

74.909

3,4

Madrid

190.742

8,7

Murcia

31.838

1,5

Navarra

27.400

1,3

País vasco

249.818

11,4

Rioja

16.625

0,8

Valenciana

283.970

13,0

Total

2.190.233

100,0

 

 

Con respecto a las principales características de las actuaciones cabe señalar que, la gran mayoría, el 80% de las zonas de huertos, corresponden a huertos de variada tipología, siendo las denominaciones más utilizadas: huertos urbanos, de ocio, familiares o sociales. En algunos casos, a las anteriores denominaciones se les incorpora adjetivos relacionados con el tipo de agricultura que se practica: ecológicos o sostenibles. Una parte importante de los mismos son de uso exclusivo para la población jubilada, en situación de desempleo o en riesgo de exclusión. En otros casos, aunque se trata de huertos para el conjunto de la población, los criterios de adjudicación establecen prioridad para alguna de las anteriores situaciones. También es significativo el número de zonas que destinan alguna de las parcelas para uso de colegios o asociaciones que trabajan con población marginal o personas discapacitadas. El 20% restante de las zonas son huertos comunitarios que se concentran principalmente en las grandes ciudades de Cataluña y la C. de Madrid.

La superficie media de las zonas de huertos es de 4.824 m2, aunque hay una importante variación que oscila entre los 500 m2 de las más pequeñas y los 70.000 m2 de las de mayor superficie. El tamaño medio de la parcela o huerto es de 75 m2, aunque también varía significativamente de una zona a otra desde los 20 m2 hasta los 450 m2.

Con relación a los precios existentes para utilización de los huertos públicos, las situaciones varían sensiblemente de una a otra ciudad, éstos oscilan entre la gratuidad y un máximo de 30 €/mes, aunque la mayoría de los precios de alquiler se mueven en la banda de 5 €/mes. En muchos casos, a los concesionarios se le exige una fianza para responder de posibles daños en las instalaciones que suelen oscilar entre los 50 y 100 Euros.

En las zonas de huertos privados los alquileres son sensiblemente más elevados y éstos dependen del tamaño del huerto o parcela y van desde los 35 hasta los 80 €/mes.

Los equipamientos o dotaciones de las zonas de huertos también varían sensiblemente. Hay zonas, las menos, en las que prácticamente no hay ningún tipo de equipamiento y, en otras, donde cuentan con un amplio número de instalaciones como casetas individuales, aparcamientos, zonas de compostaje, tienda de productos para la huerta, aseos, vestuarios, balsas para riego o herramientas para el desarrollo de las labores.

El agua para el riego que, en los territorios con bajo régimen de lluvias, puede ser un factor limitante para un mayor desarrollo de la agricultura urbana y periurbana, procede en muchos casos del las redes de abastecimiento urbano, aunque en la casi totalidad de las actuaciones de huertos se exige emplear sistemas de riego de bajo consumo.

La mayoría de las ciudades y municipios que han puesto en marcha dichas actuaciones, han elaborado unas ordenanzas reguladoras, o normas de funcionamiento, con el objetivo de establecer las condiciones jurídicas y de uso de los mismos. Destacar que la totalidad de las ordenanzas a las que hemos tenido acceso establecen como condición obligatoria la práctica de la agricultura ecológica y, en muchos casos, incluyen en las mismas las principales normas que regulan la práctica de la agricultura ecológica. Las ordenanzas también establecen quiénes pueden ser beneficiarios de la concesión de un huerto, cuáles son los procedimientos y criterios de adjudicación, así como la duración de la adjudicación que suele oscilar entre los 2 y 5 años, aunque en muchas casos se admite la posibilidad de renovación de dicha adjudicación. También recogen cuáles son los derechos y deberes de los usuarios, así como un régimen sancionador por el incumplimiento de los mismos.

A modo de conclusión, podemos afirmar que los datos de la situación actual de los huertos urbanos refleja que éste fenómeno ha dejado de ser algo testimonial, como ocurría hasta el año 2.000, para convertirse en un movimiento con una fuerte implantación en muchos territorios y un importante apoyo de diferentes asociaciones y movimientos sociales, como ponen de manifiesto las numerosas redes de huertos urbanos que se están constituyendo y las numerosas iniciativas que se han recogido.

A pesar de todo ello, podemos decir también que aún estamos lejos de alcanzar los niveles de desarrollo que los huertos urbanos tienen en otros países de nuestro entorno, que llevan más de 100 años desarrollando políticas favorables a los mismos.

A la vista de estos datos, sería deseable que la administración, en sus diferentes niveles, tomara conciencia del espectacular crecimiento de las actuaciones de huertos urbanos y del movimiento a favor de los mismos, y poner en marcha políticas que favorezcan su desarrollo. Políticas, que deben integrar la agricultura urbana y periurbana, en sus diferentes tipologías, en la ordenación territorial y planificación urbana para lograr que las ciudades y sus habitantes puedan participar de los beneficios sociales, ambientales y económicos de estas actuaciones.

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¿POR QUÉ TORREJÓN NO TIENE HUERTOS URBANOS?

Torrejón comparte con los municipios vecinos de San Fernando, Mejorada y Coslada, el uso de los Huertos de Ocio situados en el municipio de San Fernando, por lo que podemos responder diciendo que sí, aunque la lejanía de esta actuación respecto a nuestro municipio supone una clara limitación para amplios sectores de población que no cuentan con medios motorizados de desplazamiento. Su lejanía también supone otra clara limitación ya que los numerosos beneficios ambientales de los huertos urbanos no son aprovechados por nuestro municipio.

Torrejón a pesar de ser un municipio que actualmente cuenta con escasa disponibilidad de suelo, por su elevada urbanización y por tener ocupada la tercera parte de su territorio por la base aérea, fue un municipio donde la agricultura de secano y la huerta fue su principal actividad a lo largo de la mayor parte de su historia. Un ejemplo claro de esto fue una fábrica de conservas de tomates que a mediados del siglo XX era una de sus principales actividades.

Además de ser un municipio con larga tradición agrícola también cuenta con amplios sectores de población procedentes de las zonas rurales que, a pesar de su envejecimiento, cuenta con amplios saberes relacionados con el cultivo hortícola. Y, sobre todo, con sectores de población con importantes carencias alimentarias como consecuencia de la brutal crisis económica que se inició en 2008.

En Torrejón, al igual que en muchos otros municipios, también se han producido iniciativas para lograr la implantación de huertos urbanos. En 2013 la asociación Ecos tj presentó una propuesta al Ayuntamiento, gobernado por el PP, para la implantación de huertos urbanos para uso mayoritario de colectivos desfavorecidos. Era una propuesta que pretendía utilizar el numeroso suelo vacante que se encontraba repartido por diferentes zonas de la ciudad, principalmente en el Soto del Henares, para desarrollar huertos urbanos. Se proponía un uso temporal hasta que las parcelas pudieran ser utilizadas para los fines que estaban previstos. Lamentablemente esta propuesta fue rechazada a pesar de que hay ejemplos de ciudades que han puesto en marcha proyectos y medidas similares.

Un ejemplo significativo de estas medidas podría ser el PLA BUITS, impulsado por el Ayuntamiento de Barcelona, con la finalidad de dinamizar e integrar en la ciudad los espacios vacíos. Con este fin sacó a concurso 19 solares para que fueran utilizados y gestionados por entidades y asociaciones sin ánimo de lucro, destinándose el 60% de ellos a huertos urbanos.

Sin embargo el proyecto mas similar al presentado por Ecos tj sería la creación de 200 huertos urbanos en parcelas vacías de la macrociudad del futuro “SOCIOPOLIS”. Un proyecto emblemático de la Generalitat, en la ciudad de Valencia, en el que estaba previsto la construcción de 2.800 viviendas pero en el que tan sólo se han construido 480, y de éstas únicamente se encuentran ocupadas la tercera parte. La situación de “SOCIOPOLIS”, muy similar a la del Soto del Henares, con miles de metros cuadrados urbanizados, dotados de agua, luz y accesos y con escasas posibilidades, a corto y medio plazo, de construir las viviendas previstas, por ello la utilización de estos vacíos para desarrollar proyectos de huertos urbanos sería una medida que contribuiría a impulsar estos proyectos en Torrejón y a paliar algunos de los efectos que sobre el territorio y el paisaje ha dejado la burbuja inmobiliaria.

¿Por qué Torrejón no tiene huertos urbanos en su territorio?, a la vista de los anteriores datos resulta evidente que es la falta de interés político del actual gobierno municipal del PP y su escasa o nula preocupación por los beneficios ambientales y sociales de estas actuaciones. Preocupaciones que sí han tenido numerosos municipios en su día gobernados por el PP o por otras fuerzas conservadoras como han sido los de Madrid, Barcelona o Valencia.

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A MODO DE CONCLUSIÓN

La actual crisis global, que desde el comienzo del siglo XXI recorre el planeta, tiene cuatro dimensiones: la crisis energética, el cambio climático, el colapso ecológico y la crisis financiera. Las tres primeras están íntimamente relacionadas y constituyen un triángulo diabólico para el futuro de la humanidad y el planeta tierra (Ramón Fernández Durán, 2011). Crisis que sin duda tiene, y tendrá más en los años venideros, una significativa influencia sobre el suministro de alimentos y la actividad agrícola altamente industrializada y dependiente de unos combustibles fósiles que han alcanzado el “pico del petróleo” e iniciado el fin de la energía fósil.

La agricultura urbana ha sido utilizada a los largo de los dos últimos siglos como una herramienta de gran utilidad en las épocas de crisis para mejorar las condiciones económicas, ambientales y sociales de las ciudades. Por ello, en estos momentos de crisis global, la agricultura urbana tiene una oportunidad de iniciar un crecimiento significativo en amplias zonas del planeta, y en nuestro país en particular.

En los últimos años, en distintas ciudades españolas, se está produciendo un significativo aumento de las actividades relacionadas con la agricultura urbana. En unos casos son actuaciones reguladas y promovidas por instituciones locales o regionales, en otros son actuaciones de colectivos vecinales y organizaciones sociales, y en otros son ocupaciones en precario o ilegales. En gran medida se trata de actuaciones que han surgido de forma espontánea y sin relación con las estrategias y planes que regulan la ordenación territorial de las ciudades. Por ello, es necesario promover en los distintos niveles de las administraciones públicas la elaboración de leyes y normas que regulen la creación y funcionamiento de huertos urbanos, y favorezcan su implantación. Regulación que deberá tener en cuenta las funciones de éstos en la mejora de la actual insostenibilidad ambiental, económica y social de las ciudades.

En muchas ciudades de nuestro territorio, los efectos del tsunami urbanizador no sólo han propiciado un crecimiento desmesurado de las mismas, sino que su coincidencia con la crisis financiera global ha supuesto una brusca interrupción del mismo, dejando en su repliegue enormes cantidades de suelo urbanizado y sin expectativas a corto y medio plazo de ser ocupado por las viviendas programadas. Es un suelo que se localiza mayoritariamente en las áreas de expansión de las ciudades y que está dotado de accesos, iluminación y agua. Suelo que, en muchos casos, había sido hasta entonces suelo agrícola de buena calidad. Este suelo urbanizado y sin posibilidad de ser construido a corto o medio plazo, podría convertirse en espacios privilegiados para realizar proyectos de agricultura urbana tales como huertos de ocio, comunitarios, escolares, terapéuticos, para jubilados, etc. A los beneficios ya comentados de los huertos urbanos en mejorar la insostenibilidad de las ciudades, habría que añadirle la mejora paisajística que supone transformar un paisaje de farolas, alquitrán y tierra abandonada en otro cultivado y vivo.

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Sobre el autor

Goyo Ballesteros

Sociólogo, especializado en medio ambiente y participación, socio fundador de la Sociedad Española de Agricultura Ecológica (SEAE) y dinamizador del Grupo de Trabajo sobre agricultura urbana. Ha trabajado como consultor ambiental en el Grupo de Estudios y Alternativas (GEA 21). Le apasiona la naturaleza, pensar en una ciudad llena de huertos y conversar para animar a la gente a sacar a flote el mundo nuevo que lleva en sus corazones.

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